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jueves, 23 de enero de 2020

Un cuento sobre Esgrima Criolla.

Navegando en la web, encontré este cuento, ameno, simpático y criollo, siempre me gustaron las historias de duelos y gauchos, este esta para un comic o un corto, me tome el atrevimiento de agregar imagenes de Carlos Montefusco. y el autor del cuento , Lucas Gonzalo Gallo, tiene un blog con otros cuentos mas, muy interesantes, al final les dejo el link, y aquí comienza, y se llama así…

Esgrima criolla

Hoy voy a contar mi historia, el por qué hice lo que hice y el cómo me arrepiento de haberlo hecho.
Yo venía del partido de la Matanza, no era militar de carrera, era un peón de estancia, sin embargo, me había reclutado el ejército rosista para la campaña al desierto. Habíamos confrontado a los indios ranqueles, en el fuerte de Azul.
Por el excito en la campaña y mi buen desempeño, me nombraron sargento y junto con un grupo de soldados y algunos indios prisioneros nos dejaron en el fuerte para construir un pueblo al lado del fuerte. Debíamos construir diez casas, una iglesia, una plaza, una comisaria y una escuela,  destinada para educar a los indios. 
A mi particularmente, me ofrecieron el puesto de comisario. Yo lo acepte, porque ya tenía mis veinte años cumplidos, no tenía aun mujer ni hijos y ya no quería trabajar con mi padre como capataz, era momento de forjar mi propio camino.
Luego de cinco años, ya habíamos conseguido cuarenta y cinco habitantes, ya contábamos con muchas más casas de las que habíamos construido en un principio y conseguimos tener nuestro propio mercado. Ya no era necesario ir a los pueblos vecinos para comprar los víveres.
 Al estar en constante expansión, llegaba gente casi todos los días. Ellos pasaban por la comisaria para que yo los censara y les diera la bienvenida. El intendente estaba generalmente en Chascomus, por lo que me correspondía a mí encargarme de los asuntos administrativos del pueblo, en su ausencia. A gatas sé leer y escribir, pero me las apañé bien.
Un día de tantos, llego a la plaza, un gaucho, que a los gritos, pregonaba lo siguiente: -Tráiganme al comisario, lo voy a matar, él asesino, hace tres años, a mi vieja y estoy pidiendo su cabeza.
Uno de los ranqueles, que era amigo mío, se acercó a mí y me alerto de lo que estaba pasando. Me dirigí hacia él e intente hablarle, era imposible que lo que contaba fuera cierto. Desde hacía cinco años no mataba a nadie y menos una mujer. En definitiva a la única persona que le había quitado una vida, era uno de los indios, que me acorraló en el campo de batalla. Todos los días me arrepentía, pero era mi vida o la de él, no me quedaba otra.
Sin embargo, a pesar de contarle esto, el hombre insistió en que era mi culpa y me reto a duelo para la siguiente tarde. Esperaba terminarlo a primera sangre, pero el hombre estaba, sin dudas, dispuesto a matarme, por lo que no aceptó mi oferta y me desafío a muerte.
Al llegar el momento, tomé mi poncho, mi facón y fui a la plaza. El hombre me esperaba con un caronero en mano y poncho en la otra. Un indio comenzó a tocar sus tambores y el duelo se dio por iniciado. A pesar de su cuchillo más largo que el mío, el gaucho no era tan hábil como yo, por eso después de un par de cuchilladas, pude cortar el nervio de su pierna izquierda y dejarlo caer al suelo.
-Te perdono la vida, desaparece de este pueblo y ya no vuelvas a molestar.
-No lo voy a hacer, porque vos sos mi hermano mayor, mataste a mamá de angustia y todo porque no fuiste capaz de decirle que te ibas a quedar en este pueblucho de mierda. No viniste a casa ni por medio segundo a decir que estabas bien. Pensamos que habías muerto.
- Yo mande a mi compañero a hablar con ustedes, no tengo responsabilidad…
Me di media vuelta y me aleje del campo de batalla. Mientras tanto como pudo, mi hermano se dio vuelta e intento clavarme el cuchillo por la espalda. Inmediatamente me agache y dando media vuelta, esgrimí un hachazo, que sin querer terminó cortándole la yugular.
No estoy contento con lo que hice, poco después me enteré de que mi compañero no llegó nunca, porque murió de sífilis en el camino. La muerte de mi hermano y de mi madre pesan ahora en mi conciencia… por esa razón es que escribo esta carta, es mi despedida. Dejo a mi amigo ranquel a cargo del pueblo, espero sepa hacerlo crecer y progresar aún más de lo que lo hice yo.

Publicado en https://lucasggallo.blogspot.com/

miércoles, 20 de marzo de 2019

Pilchas Criollas



Si hablamos de pilchas criollas, hablamos de la vestimenta del criollo, pilcha una palabra que del quechua significa ropa y del mapudungun arruga, una vestimenta peculiar como no hubo, adaptada a nuestros criollos. nuestra ropas eran una mezcla de vestimenta originaria,mezclada con detalles andaluces, no podemos negar las influencias arábigas, y como siempre se vestían con lo que podían buscando comodidad y practicidad, con eses detalle coqueto que tenia el gaucho. 

La vestimenta vario y evoluciono desde tiempos de la conquista a coloniales, pero sin duda fue en el 1800 donde ya estaba patente la identidad de esta nueva raza, el criollo, entonces tomaremos desde allí para describir las pilchas gauchas. A comienzos del siglo XIX numerosos artistas retrataron la vida peculiar del gaucho, y allí recogemos una documentación de usos y costumbre, como se vestían, entren los ilustradores nombraremos

Emeric Essex Vidal (1791-1861) marino de profesión, realizaba acuarelas allí donde estaba, uno de mis favoritos, sus ilustraciones son realmente dinámicas expresando claramente la vida diaria de antaño.


Carlos Enrique Pellegrini (1800-1871) ingeniero, que se dedicó a la pintura, realizo numerosos retratos y escenas que mostraban la tradición rioplatense adosándole una leyenda explicativa.


Adolfo D´Hastrel (1805-1875) oficial de marina, puntillosos en la ilustración, gracias a que era minusioso, muchos datos nos a legado, publicando Colección de vistas y costumbres del Rio de La Plata publicado en Francia en 1875.

Cesar Hipólito Bacle (1790-1838) fue un litógrafo popular, realizando sátiras de la moda colonial femenina.


Juan Leon Paliere (1823-1887) pintor francés radicado en argentina en 1855 donde retrato nuestras costumbres criollas.



Su vestimenta era adaptada a lo que tenían y a la usanza de la época, variando a lo largo del tiempo.
Haremos una descripción básica y amplia de un criollo de mediados del 1800, más adelante nos interiorizaremos en pilcha por pilcha.


Ahora bien, empecemos una descripción desde el calzado, y esta es la bota de potro, la cual se confeccionaba con el garrón del caballo, también las había de cuero de vaca, pero eran más duras, son sumamente cómodas, por experiencia lo afirmo, dependiendo la presencia de la puntera si montaba o no, ya que si quedaban los dedos sueltos permitía montar con el estribó pampa, este era un tiento con un palo en el medio; como se confeccionaban estas botas, se cortaba el garrón, se sobaba, se estiraba, y se le daba la forma, era una sola pieza… y en sus piernas se enfundaba el calzón, este era un pantalón, era de algodón o lino, de herencia española,  iba por debajo del chiripa, y dependiendo de su apariencia, es decir, si tenía cribos, que le daban ese aire importante, se dejaba por sobre la bota, si no tenía cribos se metía dentro de la bota, por arriba del calzón iba el chiripa, esta prenda era originaria de nuestras pampas, nuestros indios lo usaban como un pareo, pero cuando hubo que montar es que se comenzó a plegar al medio, quien uso alguna vez chiripa entiende,  y de allí que vario en diferentes modos de colocárselo, para mantenerlo bien agarrado, se fajaba, con qué?.
La bota de potro (Pilchas Criollas /Assuncao -  Really)
Una faja a modo de cinto y por arriba un tirador o culero, una prenda de cuero, era un cinto ancho, bien ancho, que servía tanto para las tareas rurales, como para proteger las zonas blandas de algún corte, este tirado se ajustaba por medio de tientos, o una rastra, estas eran de importante tamaño. Ya arriba se usaba camisa o camiseta de algodón, lino, y podía tener como no un cuello, chaleco o corralera era un lindo accesorio, sin dudas, imitando la moda peninsular española. Ya en la cabeza adorna un sombrero, desde el básico panza de burra, echo así mismo con la panza de burro, a variedad de galera o galera truncada, el clasico chambergo, hasta  pasando por los simples gorros de manga, detalle a contar sobre este la manga caía del lado izquierdo, donde se colocaba dentro una lonja de cuero para proteger ese lado (el lado débil) de un posible corte en duelos, reyertas y batallas. 

El Pañuelo (Pilchas Criollas /Assuncao -  Really)

El pañuelo, como vemos era fundamental, un gran cuadrado de aproximadamente 80cm., podía ser de seda, de algodón, estampado, liso, etc. se podía usar siempre atado sobre los hombros,  de golilla, sobre la cabeza hasta los hombros, anudado bajo la pera, será serenero, también uno lo podía atar en la cabeza como vincha o la corsaria, para faenas, como también, taparse la boca y nariz cuando arecía el viento; y nos falta el ultimo atavió del criollo, fundamental, desde esos tiempos a hoy infaltable, yo, por mi lado siempre llevo uno, si, el poncho, un paño rectangular grande con flecos, y agujero en el medio, abrigo en las frías noches, protección en los momentos de peligro, los hubo de diferentes confecciones algodón , alpaca, vicuña, hasta cuero, como así de diferentes colores identificando desde su pensamiento político, como el celeste unitario y el rojo federal, o como lo usaba el General San Martín, de un color ocre, marroncito, que eran para confundirse con el terreno, allá en Mendoza, esta prenda es otra pilcha originaria, Poncho es una palabra de origen quechua y mas allá que su confección es simple es aquí donde se uso y su uso se propago.
confección del panza de burra
(Pilchas Criollas /Assuncao -  Really)
El gaucho vestía así, igualmente el consideraba parte de su atavió las espuelas, de las que se destacan las nazarenas, sus cuchillos el verijero adelante y un facon atrás con el filo hacia arriba listo para salir "cortando", un dato a tener en cuenta que a veces el gaucho era pobre, muy pobre andando en patas , un chiripa y un poncho, muchas crónicas cuentan esto, en muchos fortines el gaucho no recibía la paga ni uniforme, , con los años andaban andrajosos, pero esa es otra historia que igualmente tenemos que tener en cuenta,es así se vestía promediando un criollo del siglo XIX.


Hay que hacer una mención a Fernando Assuncao, con su libro "Pichas Criollas" en el cual describe las prendas criollas, desde la confeccion, historia y usos, recomendado para todo tradicionalista, este post esta acompañado por imágenes de su libro ilustradas por Federico Reilly.  

El Sombrero (Pilchas Criollas /Assuncao -  Really)


mas adelante se introdujo la alpargata, la boina vasca, y muchas prendas mas, que hoy día aun se usan y mas que nunca, pero eso es para otro post y otro tiempo...

El Poncho (Pilchas Criollas /Assuncao -  Really)

Galería Fotográfica

Gaucho Museo del traje

colorado del monte y dama antigua
Museo del traje

uncu camisa precolombina /poncho (año 1100-1500)
Museo de arte precolombino (Chile)

Gaucho Riograndense (circa 1870)
Pilchas Criollas de Assuncao


Grupo Recreacionista "Esgrima Criolla"



Fuentes:
Museo del traje
www.historiadeltraje.com
Pilchas Criollas, Fernando Assuncao

jueves, 23 de agosto de 2018

El sargento del Tercio de Flandes que adiestro a la fuerza guarani.


Corría el año de 1641, en Sudamérica,  cuando un ejército de mamelucos formado por 400 portugueses, los cuales se dedicaban a esclavizar indios fueron derrotados por un veterano de los Tercios de Flandes, quienes contaba la historia que nunca pisaron América…nunca?  y como es esta historia…comienza así.

Domingo de Torres nació a finales del siglo XVI en la península ibérica, pocos caminos habían para un joven con  espíritu indomable como el que el tenia, es así como termino componiendo en la fuerza más poderosa del planeta  en su época, los tercios de Flandes, el cuerpo de elite que domino Europa. 

Los Tercios eran unidades regulares profesionales permanentemente operativas, se incorporaban a partir de los 14 años, y su servicio era por no menos 20 años, de allí que eran tropas experimentadas, solo vivían para la guerra, y La recluta de los soldados del Tercio la realizaba cada capitán amparado por una patente llamada ‘conducta’, otorgada personalmente por el Rey, se destacó la amalgama de la disciplina con técnicas pulidas de pica, daga, espada y arcabuz.
Volviendo a la vida de Domingo, participo de la guerra de los 30 años así como en la guerra franco española, a daga y espada por toda Europa, licenciándose con más de 20 años de servicio, como sargento.

Y en América mientras tanto en la zona actual del Brasil un comercio de esclavos era manejado por los expediciones de los bandeirantes, estos buscaban metales, piedras preciosas, y capturaban indios que traían encadenados para venderlos como esclavos. Las columnas se organizaban así, un pequeño grupo de jefes portugueses, nacidos en Europa o en el Brasil; una tropa escogida de mamelucos (mestizas de blanco e india) armados con mosquetes y pistolas; un cuerpo numeroso de indios aliados que, como auxiliares de la columna, llevaba lanzas y arcos con flechas. Sus efectivos variaban de algunas docenas a varios cientos de hombres.
Los portugueses se dieron cuenta que los guaraníes tutelados por los jesuitas, se habían transformado en trabajadores agropecuarios bien adiestrados de modo que su valor se duplicó. Un esclavo negro era bueno trabajando por su resistencia física pero demandaba tiempo adaptarlo a las técnicas de laboreo en las haciendas. Por el contrario, los guaraníes gracias a los jesuitas, eran mano de obra capacitada y además, excelentes artesanos y por tanto un lucrativo negocio esclavizarlos.

Es asi como en  la Compañía de Jesús en el territorio Paracuaria, es decir, la entonces provincia del Paraguay,  sufre el asedio de los bandeirantes, estas misiones protegían y cuidaban de los guaraníes, más de 60000, indios fuero esclavizados, fue asi como tras sufrir numerosos ataques, ante esto el jesuita Ruiz de Montoya fue recibido por el rey Felipe IV y de inmediato lo informó de la gravedad de los ataques que estaban siendo objeto las Misiones y asi recibieron el permiso de la Corona de España para adiestrar a los indígenas.
Y es asi que el 21 de mayo de 1640 el monarca firmó una Real Cédula por la que transfería al Virrey del Perú el poder para armar a los guaraníes condenando el tráfico de seres humanos.

Si bien la ordenanza real llegaría cinco años más tarde a Lima, los jesuitas no esperaron todo ese tiempo sino que tomaron la iniciativa. En 1639 habían conseguido de Buenos Aires y de la Real Audiencia de Charcas las autorizaciones para que los aborígenes portaran armas de fuego. El gobernador de Buenos Aires, Pedro de Rojas y Acevedo envió varios instructores y armas y el papa Urbano VIII dispuso que los bandeirantes católicos fueran excomulgados. Como era de esperarse, los portugueses reaccionaron con más furia que nunca y casi matan a los monjes jesuitas que se encontraban en San Pablo tramitando un alto al fuego.
Finalmente en septiembre de 1640 partió la nueva bandeira portuguesa. Se sumaron a esta expedición -que no solo venía ya a saquear y esclavizar sino a cobrar venganza y apropiarse de territorios- varios nobles portugueses e hijos de acaudalados entre quienes se encontraban Antonio de Cunha Gago, Juan Leite y Pedro Nunes Dias. Unos 400 naturales de Portugal ingresaron a las filas bien equipados y armados con espadas, petos o armaduras parciales y armas de fuego. Como siempre, se sumaron los renegados Tupíes y mestizos además de negros esclavos, un ejército de unos 3500 efectivos comenzó a surcar por el río Uruguay en unas 700 canoas.


Notificados los jesuitas del avance del enemigo, el Superior de la Orden el padre Claudio Ruger ordenó concentrar el ejército guaraní de unos 4200 efectivos. El armamento tradicional indígena consistente en arcos y flechas, puñales, macanas y hondas fue reforzado con 300 arcabuces y piezas de artillería algunas de las cuales fueron enviadas desde Buenos Aires.
De inmediato comenzaron la construcción de balsas con unas novedades. Se las "fortificó" con troncos para resistir las piedras y flechas que arrojaban los tupíes y además, proporcionar algún tipo de "blindaje" contra los disparos de arcabuces. Un arma un tanto extraña que utilizaron en esta batalla los guaraníes fue el tambetá que era una quijada afilada y la cual se usaba en la batalla cuerpo a cuerpo como una segadora.

Domingo de Torres llega a América con el fin de adiestrar y preparar militarmente  a los guaraníes, su base será en Mboreré, hoy Argentina, los padres Antonio Cárdenas y Antonio Bernal, ex militares, comenzaron a ejercitar a los guaraníes en marchas y maniobras militares además de técnicas de combate. Simultáneamente, los padres Pedro Mola, Cristóbal de Altamirano, Juan de Porras, José Domenech, Miguel Gómez, Domingo de Salazar, Antonio de Alarcón, Pedro Sardoni y Domingo Suárez se dedicaron al apoyo logístico, la construcción de balsas, etc. Las tropas indias fueron colocadas bajo el mando de los caciques Ignacio Abiarú y Nicolás Nhienguirú siendo su estado mayor los caciques Francisco Mbayroba y Azaray. El padre Claudio Ruger se declaró enfermo delegando el mando a los padres Diego de Boroa y Pedro Romero. La base de operaciones fue situada en la misión Asunción de Acaraguá cerca del arroyo Mbororé.
Dos guaraníes que habían escapado informaron en detalle la cantidad de tropas y calidad del armamento que traían los paulistas.

La Mission retrata lucha de bandeirantes y guaranies
El 25 de febrero el padre Altamirano envió río arriba 8 canoas en misión de exploración. Pero en un recodo de un río, se toparon con mas de 300 embarcaciones bandeirantes. Los guaraníes tuvieron una escaramuza con la fuerza invasora y escaparon perseguido por canoas tupíes. Sin embargo los perseguidores cayeron en una trampa cuando se aproximaron demasiado a la línea defensiva guaraní quienes salieron en auxilio de los suyos. En la refriega que siguió los tupíes hubieran sido exterminados a no ser porque comenzó una furiosa tormenta con truenos y relámpagos que obligó a detener las operaciones.

Con la llegada de la noche, acelerada por el mal tiempo, los paulistas intentaron atacar de sorpresa la posición jesuita de Acaraguá. En la oscuridad, 250 guaraníes en 30 canoas sostuvieron con valor el ataque a la luz de los relámpagos, contra una fuerza superior compuesta por mas de 100 embarcaciones.

Altamirano juzgo prudente retirarse ante la magnitud de las fuerzas invasoras o arriesgaba a perder todos sus efectivos. Antes, ordenó destruir todos los cultivos y víveres para no dejar nada a los atacantes. Esta desición fue acertada ya que el hambre condujo a los atacantes hacia el terreno que los jesuitas y caciques generales habían elegido para presentar combate.

Cuando llegaron a Mbororé se encontraron con las fuerzas guaraníes en línea de batalla y con la novedad que habían fortificado las orillas. Hasta las mujeres colaboraban acarreando todo lo que se necesitaba para mantener a los hombres en buenas condiciones.
Durante dos días los invasores tantearon la situación mientras decidían que hacer. Los jesuitas entre tanto, acumularon más refuerzos y confesaron a todos los que iban a pelear.

El 11 de marzo de 1641 la bandeira abandonó Acaraguá y avanzó río abajo con unas 300 embarcaciones. A las dos de la tarde, 60 canoas al mando del cacique general Ignacio Abiarú tomaron la iniciativa pasando al ataque enarbolando el estandarte de Francisco Javier. Luego de una breve arenga, Abiarú condujo a los suyos directo al medio de la formación enemiga comenzando la batalla que duraría casi una semana. Al frente de la singular flotilla fluvial, guiaba la acción una balsa donde iba montado un pequeño cañón que, al hacer fuego, comenzó a hacer estragos en las filas tupíes.

La noche alivió el combate que hasta el momento, resultaba desfavorable a la bandeira. Catorce canoas y algunas balsas fueron capturadas y muchos prisioneros.
 
Fuerzas bandeirantes al mando de Manuel Pires y Jerónimo Pedrozo de Barros partieron de San Pablo en septiembre de 1640.
Al día siguiente, 12 de marzo, los jesuitas pensaron llevar el combate a tierra firme pero los paulistas no aceptaron batallar lejos del río y por fuera de sus fortificaciones. En eso que parlamentaban jesuitas y caciques los pasos a seguir, llega un mensajero tratando de negociar la paz pero no le fue aceptada la oferta. De inmediato sitiaron el campamento bandeirante por tierra y desde el río sospechando que fuerza invasora estaba maltrecha y buscaban artimañas para reorganizarse. Desde el 12 hasta el 16 de marzo, el campamento enemigo fue bombardeado sin cesar.

Comprendieron los bandeirantes que ya la suerte en la batalla les sería adversa y decidieron parlamentar. Tenían muchos heridos y además, nada de víveres. Pidieron un nuevo tiempo para negociar la paz pero era tanto el daño que habían hecho, que los indios no querían saber nada con rendición. Los querían exterminar para siempre y alejarlos definitivamente de las tierras labradas.

El 16 salen de la fortificacion y procuran forzar el bloqueo navegando río arriba. Pero de inmediato son acosados por los guaraníes con tanta determinación que comenzó una masacre. Sin embargo, valiéndose de los portugueses y sus armas, los invasores alcanzaron a llegar a la desembocadura del río Tabay solo para encontrarse que los estaban esperando 2000 guaraníes formados en línea listos para la pelea. Solicitaron clemencia otra vez pero los caciques guaraníes se negaron a proporcionarla y los jesuitas no hicieron mucho para interceder. Ellos también estaban contagiados por el ardor de la guerra.

Finalmente arremetieron los bandeirantes contra la banda oriental del río Uruguay buscando la salvación pero fue un esfuerzo inútil. Los estaban aguardando y sufrieron constantes ataques que los diezmaron. Perdido el orden marcial, la bandeira se fue disgregando en pequeños grupos que fueron cazados sin piedad. La persecución aborigen fue mortal. Los tupíes eran muertos sin miramiento alguno y los portugueses asesinados así se rindieran.



Durante meses, luego de la batalla, partidas de guaraníes peinaron prolijamente la zona hasta no dejar a ningún bandeirante en actitud de pelea.

La batalla había sido terrible. De los 3000 paulistas que iniciaron el ataque, solo un puñado de tupíes regreso a San Pablo junto a 120 portugueses y mamelucos.

Hubo un intento posterior por socorrer a los derrotadoS pero el padre Altamirano junto con las tropas guaraníes de Abiarú los interceptaron y derrotan a finales de 1641. Con esto, cesaron por muchísimo tiempo, las temibles bandeiras. En los territorios portugueses de Brasil, ahora sabían que los jesuitas no solo eran capaces de cultivar tierras sino trabar tan fuerte amistad mediante el vínculo religioso, que los guaraníes se habían constituído en un ejército regular que había que respetar. Mborore fue también la primera Batalla Naval de Sudamérica.

En conjunto, entre 1637 y 1745, año este de la abolición definitiva de las reducciones, los ejércitos guaraníes entraron en combate al menos cincuenta veces en nombre del rey de España. En 1697, un contingente de dos mil indios rechazó a los franceses en Buenos Aires; en 1704, un ejército de cuatro mil hombres acompañado de caballos, ganado y un arsenal móvil descendió el Paraná en barcazas con el objetivo de defender la ciudad contra los ingleses; en 1724, expulsaron a los portugueses de Montevideo.
Cuentan que Domingo, el sargento memorable de los tercios de Flandes, siguió siempre junto a su ejército guaraní, murió de viejo, no encontró valiente que lo mate, una historia más de estas tierras.

Fuente: Henry Kamen, Imperio. La forja de España como potencia mundial. Aguilar, Barcelona 2003, páginas 326-327.
http://noticiasdelacruz.com.ar

lunes, 13 de agosto de 2018

Manuela Pedraza la heroina de la reconquista.


Manuela Pedraza, heroína de las invasiones inglesas, mucho se cuenta de ella, y con que la mitad sea cierta, ya merece más del reconocimiento que tiene.


Nace en Tucumán como Manuela Hurtado y Pedraza, aprox. en 1870, siendo madre soltera del pequeño Juan Cruz, se traslada a la capital del Virreinato, en el segundo Cuartel, 6ª manzana, vereda al este,  o sea Buenos Aires, se avecina, y hasta es vecina de Ana Perichón de Vandehuil, la afamada amante de Santiago de Liniers.
La buena fortuna la acompaña y se casa con un buen hombre, José Miranda, miliciano, blandengue, y asturiano, y será feliz, hasta 1806…
Durante la Primera Invasión Inglesa, entre los días 10 y 12 de Agosto de 1806 tuvo lugar la lucha final por la Reconquista de la ciudad de Buenos Aires, llegando a su punto máximo cuando las milicias y los voluntarios conducidos por don Santiago de Liniers tomaron la Plaza Mayor y pusieron sitio al Fuerte de la ciudad, que era el último bastión en donde se habían atrincherado los invasores británicos, para resistir la embestida final de Liniers y los suyos.
Es allí donde muere el marido de Manuela, diferentes versiones hay, y yo contare esta, al ver a su José muerto, enardecida su sangre criolla, toma el cuchillo de su marido, y ataca al inglés que lo último, y ese ingles en la sorpresa murió, degollado por manuela, es allí donde ella toma el fusil y carga contra el pelotón ingles que estaba dándose a retirada,  y con la bayoneta calada, mata otro, un disparo otro, y así seguirá…


Al finalizar la contienda, Manuela , queda viuda, y bañada en sangre inglesa,, un parte de Liniers, héroe de la reconquista dice "No debe omitirse el nombre de la mujer de un cabo de Asamblea, llamada Manuela la Tucumanesa, que combatiendo al lado de su marido con sublime entereza mató un inglés del que me presentó el fusil" es asi como en honor a su valor, el mismo Santiago de Liniers,  le concede el grado de Alférez con goce a sueldo.


Documento sobre Manuela Pedraza, que se encuentra en el Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires.