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lunes, 25 de septiembre de 2017

Historia del Craneo de Juan Moreira.

Conforme narran los informes policiales, el folletín de Eduardo Gutiérrez y el drama criollo de los Podestá, el sargento Chirino ultimó por la espalda al legendario Juan Moreira el 30 de abril de 1874 en los fondos del prostíbulo “La Estrella” sito en el partido de Lobos, mas alla que la leyenda siguio, hubo una que otra historia se creo despues, esta es una de ellas. 

 El médico del lugar, el Dr. Eulogio del Mármol, fue el encargado de practicarle la autopsia. Los restos fueron inhumados en la necrópolis de Lobos, pero en 1887 debieron ser desenterrados por la falta de pago de los impuestos municipales correspondientes. El encargado de la exhumación fue el mismo Dr. del Mármol, quien conservó el cráneo con el fin de estudiar los rasgos lombrosianos (por la época estaba en auge la teoría de Cesare Lombroso, según la cual existía un patrón fisonómico del “delincuente nato”). Habiendo saciado su espíritu positivista, del Mármol regaló el cráneo del terror de las partidas a su amigo y colega el Dr. Tomás Liberato Perón. Al fallecer éste dejó la calavera en manos de su viuda, doña Dominga Dutey Cirus, quien a posteriori se lo cedería en herencia a su hijo Mario Tomás, que residía desde 1888 en el partido de Lobos. Don Mario Tomás, quien la tenía modo de adorno en su escritorio, en el despacho donde, de vez en cuando se colaba su pequeño hijo, Pochito, más conocido para la historia como Juan Domingo Perón.


Bueno, erase una vez en la casa de Lobos, una tarde de verano, donde Pochito estaba cuidado de la mucama, fue asi que el pequeño, muy travieso, quiso asustar a su nana, fue asi que tomo el cráneo de Juan Moreira con una mano y con la otra un mantel negro, coloco como una capa, el mantel y con la calavera se acercó a su nana, mientras iba murmurando sonidos tenebrosos –buuuuuhhh, y pisando el mantel se tropezó, lo que produjo la perdida de algunos dientes de Juan, que Juan? De Juan Moreira, hubo un gran reto para el pequeño Juancito, y al fallecer Mario Perón, su viuda, en 1928 lo dona al Museo de Luján, de donde sería trasladado en 1953 al Museo “Presidente Juan D. Perón”, de Lobos, su ciudad natal, donde dicen que de noche aún se escucha ruidos de sustos y risas de niños…



Fuent: relato popular.



martes, 6 de septiembre de 2016

La Daga de Juan Moreira


Si tenemos que nombrar el cuchillo emblemático del criollo, es sin dudas la daga de Juan Moreira, gaucho matrero y resultado de las injusticias de su tiempo, época donde el gaucho sin papeleta terminaba de fortinero, donde las guerras eran moneda corriente…se dice que por lo menos nueve murieron por esa daga, dicen…

Bueno, primero describiremos la daga de Juan Moreira, no posee filos completos de ambos lado, por lo tanto determinamos que es un facón, ahora bien, su tamaño de 84 cm, no lo define sin lugar a dudas, es un caronero, ese importante cuchillo que se llevaba entre las caronas del caballo, afirmando aún más este dato, ya que el gavilán le fue añadido después, por el mismo Juan Moreira. Fue adquirido por Juan como un regalo de Adolfo Alsina, quien fuera gobernador bonaerense y posterior Ministro de Guerra, además de fundador del Partido Autonomista.


La daga posee un largo total de 84 cm, de los cuales de hoja son 63 cm, y el resto empatilladura y cabo, con su importante gavilán, con un peso de 740grs, pensemos que una bayoneta de máuser debe rondar unos 450grs. Originalmente tenía una sencilla vaina de suela: la misma posee la clásica lengüeta de cuero, para trabar en el cinto o tirador. Pero esa lengüeta no se encuentra como es costumbre, cosida junto a la boca de la vaina, sino algunos centímetros más abajo, de manera de llevar algo más alta la empuñadura y distribuir en forma más pareja en la espalda, la inusual longitud del arma.


Yendo al detalle del gavilán, bastante peculiar en estas tierras, uno nota que no es muy común, pero recuerda a otra arma blanca famosa, la espada del cid campeador, la Tizona, muchas espadas de ese periodo poseen gavilanes similares, planos y en forma de “U”, que permite una buena protección, a diferencia de muchos que son en “S” o el clásico crucero, común en caroneros, este es un detalle que demuestra tácitamente su uso como arma de pelea…


En la actualidad, la "daga" original se conserva y exhibe en el Museo y Biblioteca Juan D. Perón, de la Ciudad de Lobos.


Para más información sobre Juan Moreira, te recomiendo estos post.
http://esgrimacriolla.blogspot.com.ar/2012/04/juan-moreira.html
http://esgrimacriolla.blogspot.com.ar/2016/04/algunas-curiosidades-de-juan-moreira.html



Galeria Fotografica

Documentandome en el museo de Lobos

Daga de Juan Moreira

Observese el detalle de la vaina


Juan Moreira de Gutierrez
Imagen del Film de Juan Moreira
Imagen del film de 1923 de Juan Moreira

Juan Moreira de Massaroli.


Juan Moreira en el Circo Criollo de Podesta




miércoles, 27 de abril de 2016

Algunas curiosidades de Juan Moreira, ese gaucho matrero tan mentado...

Valerio Moreira
Tenemos una cara conocida de Juan Moreira, en libros, o más moderno googleamos y nos aparece, bueno acá se muestra que la imagen que muchos creen que es Juan Moreira, que no es, en realidad es el hijo de Juan, Valerio Moreira, y obviamente también hijo de Andrea Santillán. Nacido en 1869, La misma salió publicada en la revista Caras y Caretas en 1903.  Cuando le hicieron el reportaje a “la gorda” (Andrea Santillán, esposa del gaucho), el que fue realizado cuando aún estaba en vida, al hijo le pidieron que se prestara para la toma de un retrato, pues era igual al padre.  Luego de obtenida la fotografía de Valerio, la madre le fue dando los detalles: “que tenía el pelo así”, “que la barba lucía de esta forma”… hasta que lo sacaron igualito a Juan Moreira.  Si se observa bien la imagen, se nota que está retocada”. Asi mismo en la misma revista. en una entrevista al sargento Andrés Chirino, dice "Valerio Moreira, guitarrista afamado entre sus conocidos, ha sido guardián de presos en el depósito de 24 de Noviembre, y durante muchos años llevo el apellido de Morales, pero hoy usa el que le corresponde, siendo un buen jornalero".

Trabuco Naranjero de Juan Moreira

Los trabucos naranjeros de Juan Moreira, se conservan hoy día en el museo de Tandil, un detalle, situémonos en esos años, una partida busca dar caza al gaucho juan Moreira, Juan dispara sus trabucos, a una distancia no mayor de 7mts. la partida recibe heridas, luego allí ya con su daga empieza a golpear a los caídos milicos de la partida, dándose a la huida, esto es novelado, pero no creo que este muy lejano, los trabucos se los llevó consigo Julián Andrade, luego de la muerte de su amigo, y asi terminaron en el museo de Tandil, donde Julián termino sus días.


La edad de Juan Moreira, por la partida de nacimiento de Valerio deducimos que el año de nacimiento de Juan es 1838, y fallece en 1874, esto quiere decir que murió en lobos con 36 años. Fue hijo del mazorquero José Custodio Moreira, un español que también integró el Cuerpo de Serenos, supuestamente conocido por su crueldad y falta de piedad. Pasando a la historia como el hombre que da muerte a Manuel Vicente Maza, junto con el mazorquero Manuel Gaitán, pasado el tiempo, convertido en un estorbo por sus abusos y crímenes, algunos historiadores afirman que el mismo Rosas le entregó a Custodio Moreira un sobre cerrado con la orden de que le fuera entregado al oficial Antonino Reyes, comandante de los cuarteles de Santos Lugares. El sobre contenía la orden de ajusticiar inmediatamente al portador, disposición que se cumplió en el acto.
"Asesinato de Manuel Vicente Maza" Oleo de Benjamin Franklin
Otra historia dice que huyo con el nombre de Mateo Blanco, y al pequeño Juan como Juan Gregorio Blanco.  De la madre de Juan Moreira, doña Ventura, poco es lo que se sabe, salvo que intentó criar a su hijo lo mejor que pudo.
Andrea Santillan (1990)

La muerte de Juan Moreira, contada por su matador, fue en Lobos, en el patio del burdel La Estrella. La partida policial estaba mandada por el capitán Pedro Berton y se lo sindica al sargento Andrés Chirino como el matador de Moreira.

Chirino, cuando murió tenía 93 años (otra versión dice que falleció a los 101 años), era sanjuanino y después de jubilarse como policía federal tuvo que trabajar como portero del edificio de la Avenida de Mayo 733, de Buenos Aires.
Lo que sigue es un reportaje que se le hizo poco antes de su muerte, en donde cuenta su versión de la muerte del mítico gaucho argentino:
“Yo no lo ví, sino el día 30 de abril de 1874, como a la una y media de la tarde, que fue la hora en que lo matamos, pero lo tengo presente. Era un hombre de talla regular, pero muy fornido y bien plantado. De nariz fina, blanco, casi rosado, picado de viruela; de pelo castaño y usaba una larga pera, que ya tenía algunas canas.
Sargento Chirino (1903)
Ha de haber tenido unos 40 a 42 años, mas era ágil y de una fuerza muscular extraordinaria. Yo, que pertenecía a la policía de la Capital, andaba en comisión con una partida de doce hombres, a las órdenes del capitán don Pedro Berton. Hacía tres meses que recorríamos infructuosamente la campaña en busca de Moreira. Nos hallábamos en la estación de Lobos, cuando llegó apresuradamente el señor Francisco Bosch, entonces comandante militar y después general de la Nación, e informó al capitán Berton que Moreira y algunos de su banda se encontraban en el peringundín La Estrella, en la esquina de la plaza y que el juez de Paz, señor Casimiro Villamayor, había salido al campo a perseguir a los malevos. El capitán me dijo, que tomara seis de los mejores hombres y que lo siguiera. Pasamos por la casa del Juzgado y se nos incorporaron seis hombres más, al mando del teniente don Eulogio Varela.
Nos encaminamos a la casa que, fue rodeada. Penetramos en ella, el comandante Bosch, el capitán Berton, el teniente Varela y yo, con dos vigilantes.
Dos de los compañeros de Moreira que estaban levantados huyeron, los dejamos ir para no malograr el golpe.
Sargento Chirino (1880)
En la pieza que cuadra al patio, cuya puerta estaba entreabierta, yo vi a un hombre que dormía, teniendo sobre una silla al alcance de la mano, un cojinillo con dos trabucos, un puñal y una pistola.
Me apoderé de las armas, lo desperté y lo entregué a los soldados sin que hiciera resistencia. Cuando lo saqué dijo el comandante Bosch: Ese no es Moreira, sino Julián Andrade. ¡Otro pájaro de cuenta!
Era un mozo alto, delgado, bien vestido con ropas de gaucho lujoso y que se decía uno de los mejores peleadores del pago.
Los soldados lo sacaron a la calle. El comandante Bosch, que lo estaba observando, viendo que miraba la puerta de enfrente, que estaba cerrada, exclamó golpeándola con el taco de su bota:
-¡Aquí está el que buscamos!
No tuvimos tiempo sino para hacernos a un lado, colocándonos en fila a lo largo del patio, viniendo a quedar yo detrás del brocal del pozo; el comandante Bosch en el recodo que formaba la pieza; los señores Berton y el Zapatero más hacia el zaguán. En eso, apareció Moreira con un trabuco en cada mano:
-¡Aquí estoy…maulas…! ¿Qué quieren?
-¡Ríndase Moreira a la policía de Buenos Aires…!
A lo que respondió: ¡Aquí no hay más policía que yo…!
Y antes que yo pudiera hacer fuego con mi fusil y el capitán Berton, armado con el de Zamudio, que había salido afuera atraído por un barullo promovido por Andrade que intentaba escapar, descargó sus trabucos y corrió hacia la tapia del fondo. Detrás de la cual habían quedado los caballos. El capitán Berton recibió un balazo que le quebró la muñeca derecha y el brazo izquierdo a la altura del hombro.
Yo corrí en momentos en que se prendía a la tapia para saltarla y metiéndole la bayoneta medio de costado, lo clavé contra la pared. Era un hombre tremendo.
Mano de Chirino
Al sentirse herido sacó una pistola del cinto y por encima del hombro hizo fuego, entrándome la bala por el pómulo y dañándome el ojo. Entonces Moreira tomó con la derecha la daga que llevaba denuda entre los dientes, y me tiró un “hachazo” que me alcanzó en la cabeza y me cortó los cuatro dedos de la mano izquierda con que yo sostenía el fusil. Tuve que largarlo y cayó agonizante.
Yo le pegué como pude… porque no hacía nada más que cumplir con mi deber. Zamudio, que era un paraguayito valiente, me dijo después que la agonía de Moreira no duró ni dos minutos y que el cuerpo tenía un pistoletazo en el costado dado por el comandante Bosch. A mí me votaron entonces una recompensa que recibí solo unos meses. El premio acordado para quien lo aprehendiera al matrero, que era de cuarenta mil pesos… ¡ni lo olí…!”


Locales22 de Febrero, 2010

Juan Moreira y Julián Andrade: "bandidos rurales"
Julian Andrade
Un reportaje a Julián Andrade en el Diario Nueva Era del 4 de abril de 1923, señala marcadas contradicciones entre la versión oficial y la del testigo que lo acompañó hasta el último día. El gaucho anciano y legendario relata la historia de sus aventuras con el “bandido” de la siguiente manera: …—Hable nomás, Amigo Andrade. Díganos cuanto guste y lo atenderemos de mil amores. —¡Qué voy a decirle, amigo! Me llamaron y aquí estoy. ¿Hablar de Moreira? ¡Es tan viejo aquello! Moreira... —No, hablemos de usted primero. No se achique, largue el rollo. Usted ya es de la historia, viejo. —De mí no se ocupen, digo. Mis hijos son muy buenos y no conviene que sepan mucho. Nunca les cuento nada. A él le di más de una «manito» cuando lo «via apretao», pero... Y Andrade habló largo rato. Es gaucho fuerte y erguido, a pesar de las catástrofes. Su voz denota el pasaje por los infiernos. No se queja, sin embargo resumimos sus recuerdos: Moreira —dice Andrade— era hombre blanco, de patilla cerrada, alto y fornido, muy buen mozo. No fue nunca un ratero ni nada parecido. No tenía necesidad de eso. Trabajó de tropero y de sargento de policía. Era guitarrero y mejor jinete, jugaba a la taba y al billar. No fue nunca un villano. ¡Que va a ser un facineroso! Era hombre de juicio y defendió al desvalido. Dígalo así nomás, no podrán desmentirlo. — ¿Y cómo?... —Era un alma de coraje. No creo que haya otra igual. ¡Pobrecito! No nacen como ese. Luego la política, amigo, la política. Se peleaba diariamente entre alsinistas y mitristas y él hizo dos muertes a facón. Quien lo provocase tenía que pisar firme. Frente a la misma iglesia mató a un tal Leguizamón y al poco tiempo, por ahí cerca nomás, al teniente alcalde Juan Córdoba. Moreira estaba entonces con los alsinistas, le prometieron el indulto, no se lo dieron y concluyó por pasarse al otro bando. Esa fue su perdición. Triunfó Alsina y Moreira entró a andar con todos. —¿Dónde ocurría eso? —En Navarro, pues. Allí vivíamos nosotros. —¿Anduvieron juntos muchos años? —Desde el 68 hasta el 74, cuando nos prendieron. —¿Siempre en Navarro? —¿Cómo puede pensar semejante cosa? Tuvimos que irnos más de una vez. Moreira recorrió varios partidos: Salto Argentino, Cañuelas, Nueve de Julio, Veinticinco de Mayo... No paraba. Tuvo muchos encuentros con las partidas y se vio obligado a matrerear. El General Garmendia lo persiguió con alma y vida. Al último los milicos no se atrevían a buscarlo. ¿Para qué? El no preguntó nunca cuántos lo perseguían y menos si lo acorralaban. Su valor no tenía fin, créalo, amigo, no tenía fin. Se lo dice un hombre que ha visto mucho. Se trenzaba con los que se le presentasen. ¡Mejor si eran veinte, se animaba más! ¡Un valiente, amigo, un valiente! ¡Pobrecito! ¡Qué va a ser un bandido! Andrade revive aquellos momentos y se ilumina. Su fidelidad inmarcesible y profunda de compañero se manifiesta con hálitos de epopeya. Se ve bien en este instante al varón de la leyenda, a la musa de Gutiérrez. —¿Y cuántos despacharía Moreira en sus peleas? Andrade nos mira con ojos interrogativos, quiere leernos el alma, procura cerciorarse de que estamos con él. No aceptaría así nomás que profanáramos la memoria sagrada. Mueve su anciana cabeza, recapacita. —No podría decirlo, tendría que recordar mucho —declara— ¡Peleó tanto! Marcó a una punta. Pegó tajos y tiros. No se le «caiba» el facón ni la pistola, el cuchillo ni el trabuco. Andaba de un lado a otro y tenía que tener cuidado. En las partidas dejó amargos recuerdos. En Salto Argentino mató a Rico Romero, un malo de por allí. Jugaron una carambola y a Moreira le costó poco ganarle. El mozo jugaba bien y qué iba a hacer. Rico quedó hirviendo y le buscó camorra. No sabía que era Moreira, pues se hacía llamar Juan Blanco. Recién había llegado, no lo conocían. Este es un paisano flojo, lleno de armas, le dijo Rico y le pegó un tacaso. Usted comprenda lo demás. Moreira lo dejó tendido a puñaladas. Salió en seguida de Salto y fue a dar a los toldos de Coliqueo, en Nueve de Julio....El 73 estábamos en Navarro. Juan no tenía miedo. Si no es hoy será mañana, solía repetir. Cierta noche, viviendo en el fondin Los Vascos, sintió un pito de ronda.
 Allí no había eso y comprendió lo que pasaba. ¡Qué momentos, compañero! El se acomodó sobre el pucho e hizo volar la luz de un tiro. Al hombre lo habían vendido. La partida rumoreaba en la puerta. Para que nadie supiera nada había llegado al pueblo en carretas. El teniente Cortina le intimó rendición de parte del gobierno. Era un oriental bravísimo que después fue coronel. Se produjo el entrevero. Sonaron gritos, ajos y balas. ¡Mire que casualidad! El espía era un tal Carrizo y quedó sin lengua de un tiro. La bala le atravesó las mejillas. Moreira lo había alcanzado a ver al oscuro. ¡Daba lástima el trompeta! A Moreira también lo hirieron, pero se les hizo humo. ...Llamamos a un médico y el hombre vino. No sabía quién era el enfermo, ni lo conocía. Quiso cortarle la cara para sacarle la bala. ¡Pobre hombre, qué susto! Soy Moreira y a mí nadie me hace eso, le dijo. Sáquela por donde ha entrado. El médico cumplió la orden y salió. Moreira mejoró pronto y en seguida fuimos a vivir tranquilamente en Navarro. Las policías no se metieron con nosotros por un tiempo. Andrade reconoce que su acompañamiento no era nada más que un amor entrañable al héroe, un culto del coraje, un regocijo de la juventud. —¡Era tan grande aquello! —recuerda— Tomaba un poco, me sobraba vida y qué diablos... Tras algunas resistencias explica el final doliente. —...Llegamos aquel día a Lobos. Era el 30 de abril del 74. ¡No podré olvidarlo mientras tenga aliento! Cuando un hombre pasa eso puede decir que no ignora lo que es el mundo. Moreira y yo estábamos acostados, dormíamos tranquilos, cada cual... No podíamos creer que hubiera peligro, que la partida estuviera cerca y nos persiguiese. —¿No se trataba de una esquina? —No, amigo, no era eso, se lo aseguro. —En los libros se habla de la esquina La Estrella. —La Estrella sí, pero no esquina. Era lo que yo le digo. Rodearon la casa unos cuarenta soldados y nosotros no oímos nada. Llegábamos de un viaje y nos encontrábamos un poco cansados. La partida llegó al mando de Francisco Bosch, que después fue general. Cuando desperté me hallaba sin armas, con los brazos a la espalda, sin poderme mover. Comprendí que estaba perdido, que era inútil forcejear. Pensé en mi compañero con toda el alma. Se acabó Moreira, me gritó uno. No, este no es Moreira, contestó otro, él está en la otra pieza. Cuando supe esto sentí esperanzas. Moreira sintió el ruido de las latas y se levantó. Abrió la puerta y vio bien lo que pasaba. Bosch le dijo que saliera, que se entregara, que le respetaría la vida. Sí, para que me fusilen, les dijo Moreira. Espérenme, ya voy a salir. Las carnes temblaron, el momento era fatal. Salió Moreira como sólo un valiente puede hacerlo. Sonó su trabuco y cayó muerto el teniente Varela. El general Bosch se salvó no sé cómo. Hubo corridas, saltos, balas y gritos. Moreira se hizo campo, fue librando la espalda, acorralando a los que se mostraban; no quiso entregarse ni dio cuartel. El comandante Bosch se retiró diciendo que no quería ver morir a ese guapo. No sé lo qué le pasaba. Moreira había quedado libre y se retiraba, sin dejar de amenazarlos a todos con las armas. Un poco más y estaba en salvo.

El sargento Chirino se hallaba escondido en el brocal del pozo y cuando Moreira quiso saltar la pared lo clavó por la espalda cobardemente, lo traspasó con la bayoneta. ¡Un miserable, amigo, un miserable! Moreira alcanzó a sacarle un ojo de un tiro. Un teniente corrió a ultimarlo con el máuser y le hizo astillas uno de los brazos. Moreira murió allí mismo. ¡Yo no pude morir con él! —¿Si lo hubiesen tomado vivo lo habrían fusilado? ¿Qué le parece a usted? —¡Qué esperanza! Moreira no fue nunca un bandido, fue un hombre de pelea. No lo hubieran fusilado. —Usted debió sufrir mucho, indudablemente. —Sí, yo fui maltratado, amigo. Si tuve culpas las pagué con sangre. — —Un momento, Andrade, no se levante, unas líneas más. —¡Si ya tiene demasiado! —No nos deje trunca la historia. Y Andrade siguió contando, soporta resignadamente nuestras preguntas. Cuenta que pasó cinco años eternos en la cárcel de Mercedes, arrastrando doble barra de grillos. Lo trataron como a fiera. Después lo pasaron a la Penitenciaria y allí sufrió tres años y medio. Era otra vida, sin embargo. Alivió sus pesares con las visitas de algunos corazones buenos. Conversó muchas veces con el general Francisco Leiría, estrechó más de una vez la mano de Olegario Andrade y de Benito Machado, trabajó de tipógrafo y se entretuvo en contarle a Eduardo Gutiérrez las páginas de su famoso libro. Desde el 82 hasta el 87 lo pasó en Sierra Chica. Picó piedra, durmió en la paja y los días fueron amargos. Creyó que no saldría vivo. Lo habían condenado a cadena perpetua y sin recurso de gracia, para completar el desconsuelo. Eso era lo más triste, declara. Supo esperar, tuvo resignación y salió por fin del oscuro presidio. Debe su liberación a Francisco Leiría, Ángel Falcón, Eduardo Gutiérrez y sobre todo al escritor Julio Llanos. Es hombre de sentimiento y recuerda a sus bienhechores con el más grande cariño. —¿Sólo, Andrade? —Casado y con nueve hijos. Me casé en el Azul poco después de quedar libre. —¿Y Moreira? —Tuvo esposa y dejó un hijo. Se llama Juan también. Es un muchacho honrado. Creo que trabaja en la aduana de Buenos Aires. —¿Mucho tiempo por aquí? —Hace ya ocho años. —¿Dónde vive? —Mitre 1351. Espero que me visiten. —Gracias. ¿Hay trabajo? —No falta algún parejero y ya puede suponer que yo sé cuidarlo con gusto. —¿Muchos años? —Tengo ya 74. Nací en el 48 en Navarro. Pero basta, ya tiene de sobra, me voy. Estrechamos la mano de Julián Andrade con fuerza y efusión. Se retira y lo seguimos con la mirada; y es que nos deja en el alma sensaciones grandes, las tintas fuertes de un pasado heroico, los ecos tradicionales de un mundo extinto. Pensamos que su valor no está sólo en sus peleas, sino más bien en la grandeza de su fidelidad y en la extensión e intensidad de sus sufrimientos Bibliografía: Síntesis de la “Entrevista a Julián Andrade”, Suplemento Extraordinario.





Galería Fotográfica












La Fotonovela





De Leonardo Favio


El Comic, por Jose Massaroli


De Claudio Gallardou


Por Jose Podesta


Yo, Jorge Prina, en el museo de Lobos, con la daga y cráneo de Juan Moreira.


En mi mano derecha tengo un caronero con el largo real de la daga de Juan Moreira (86 cm) y en la otra un facón,, el tamaño si importa...


viernes, 9 de agosto de 2013

Martin Fierrro existio? Existio!!!!!



        Martín Fierro es un poema narrativo de José Hernández, obra literaria considerada ejemplar del género gauchesco en Argentina y Uruguay. Se publicó en 1872 con el título El Gaucho Martín Fierro, y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, apareció en 1879. 


                 Aún se especula si existió efectivamente un gaucho llamado Martín Fierro en el pago y hacia el tiempo en que Hernández sitúa su poema-novela, algunos aducen que efectivamente por la zona del Tuyú e incluso de la entonces llamada Lobería Grande (actual ciudad de Mar del Plata) lugar en donde los Hernández llegaron a poseer una estancia y donde el autor pasó gran parte de su niñez y juventud, vivió un gaucho "matrero" (rebelde) con ese nombre y ese apellido (bastante comunes); la mayoría de los críticos literarios y gran parte de los historiadores sin embargo suponen al personaje del poema como un sujeto ideal y paradigmático de los gauchos hasta los años 1880s, téngase en cuenta que el gaucho Don Segundo Sombra existió realmente más allá de su literaturización; en todo caso en la Costa Atlántica bonaerense, entre los cardales, dunas y, sobre todo, los densos bosquecillos de Curru Mamil que se encontraban en torno a la que luego sería Mar del Plata; está documentado, sobre todo tras la batalla de Caseros y en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza, se refugiaban muchos gauchos tenidos por "vagos" (sin papeleta de "conchabo") y "malentretenidos".



Jorge Luis Borges atribuía una mala índole psicológica, un mal ejemplo ético al personaje Martín Fierro.

Borges veía a Martín Fierro, no como un héroe o como una persona éticamente admirable, sino como un individuo rencoroso, quejoso, vengativo, que siente lastima de si mismo. A tal punto que el autor de Ficciones declaró: “creo que, si hubiéramos resuelto que nuestra obra clásica fuera el FACUNDO, nuestra historia habría sido distinta. Creo que, razones literarias aparte es una lástima que hayamos elegido el MARTÍN FIERRO como obra representativa. Porque ella no puede haber ejercido una buena influencia sobre el país.(...) pensemos en lo triste de que nuestro héroe sea un desertor, un prófugo, un asesino y una especie de forajido sentimental además, que, sin duda, no existió nunca. Porque yo pienso que esa gente tuvo que haber sido mucho más dura que Martín Fierro.(...) no era gente que pidiera lástima, como pide Martín Fierro. Creo que, aunque Martín Fierro fue escrito en 1872, se adelanta ya de algún modo a las peores blanduras argentinas y al peor sentimentalismo argentino”. 

                     "Al fin me he decidido a que mi pobre Martín Fierro salga a conocer el mundo y allá va, acogido al amparo de su nombre. No le niegue su protección usted que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país." Estos son los párrafos iniciales de la carta que José Hernández le envió a su amigo José Miguens al lanzar su obra inmortal. A tantos años de aquel célebre momento volvemos a tener noticias de algunos aspectos desconocidos de Melitón Fierro que refuerzan la teoría de que fue él en quien se inspiró el autor para crear el personaje de dicha obra.


                 Merced al hallazgo de un expediente del proceso contra Melitón Fierro, donde una una investigación de los historiadores Rafael Velázquez y Daniel Pérez, quienes sostenían que Martín no fue otro que Melitón en su vida real.
El expediente data de 1866, y da cuenta de la pelea que Fierro sostuviera con un tal Policarpo Vera a quien hiere estando ambos borrachos después de una yerra, y por esta causa es condenado a servir durante tres años en la frontera, luchando contra los indios, pena que debía cumplir en el Fuerte de Azul, de donde escapa siete meses más tarde.


          También se consigna en el documento que Fierro era porteño y tenía 28 años al momento de ser condenado.
          Esos datos se suman a la existencia de un tal Francisco Borrajo o Barajo, que habitó un puesto de la estancia Las Vívoras (ubicada en lo que hoy es el partido de Tordillo) quien en sus últimos años de vida era visitado por José Hernández en frecuentes viajes en tren desde Buenos Aires a Dolores. Muchos reconocieron a ese paisano inmortalizado como El Viejo Vizcacha.
Si bien en la obra Hernández no consigna el nombre de pila de Cruz, hay datos fehacientes del sargento Pedro Cruz, facilitó el escape de algunos reclusos en el destacamento que tenía a cargo en la zona donde actualmente se halla el partido de Maipú.


"Me fui mezclando también con otra realidad, la de los gauchos alzados, indolentes, miserables, borrachos y hasta criminales, pero no falsos, tramposos ni mafiosos como la gentuza del Poder". Yo, Melitón (Agustin Villasol)
Yo...Meliton, cuenta sobre el real Martin
Ed. de 1894















José Hernández pasó parte de su adolescencia en Camarones (Partido de Pila) y tuvo su bautismo de fuego en la Batalla de San Gregorio (Chascomús), en la que recibió importantes heridas que casi le cuestan la vida mucho antes de escribir la obra que dio inmortalidad a quienes, como su autor, fueron apasionados protagonistas de pequeñas historias. 

            A continuación deje intacto un texto que encontré por que no hacia falta sacarle nada, un excelente trabajo de investigación:
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 BREVE HISTORIA DE MONSALVO
Y las andanzas de Melitón Fierro en la zona



Si bien aún no se ha podido encontrar hasta hoy ningún documento que certifique con
certeza la existencia del origen del nombre del Antiguo Partido de Monsalvo, transmisiones orales coinciden en que Monsalvo fue un tigrero muy conocedor de este extenso territorio y amigo de los indios.
El 13 de septiembre de 1852, el Coronel Don Agustín Acosta fue nombrado por el
Gobierno Provisorio, encargado del mando del distrito llamado Monsalvo, que se extendía desde el Arroyo del Vecino hacia el Sud, con asiento de la Comandancia en “Mari – Huincul”. Mientras al coronel Juan Francisco Olmos se le designaba encargado del distrito desde la ciudad hasta el Arroyo de Vecino.
Cuartel V (*): (al que pertenecía el paraje Monsalvo)
Pulpería “La Rosa” (1860) de Francisco Acosta (h), en el establecimiento del mismo nombre.
El único testimonio de su existencia lo tenemos en la foto adjunta, era un edificio de
material con techo a dos aguas, sobre el dintel de su la puerta principal ostentaba un cartel de mármol donde se leía “Venta de cigarros y cigarrillos”, en su interior, y ya en el cielo raso del edificio, tenía una puerta trampa (servía para que, ante la llegada de la Partida Policial, todo aquel mal viviente que se encontrara en la pulpería, pudiera esconderse hasta que se fuera la misma)
En 1866 era su dueño Francisco Acosta. (h)
En 1892 fue de la firma Luis Anza y Cía.
Francisco Acosta (h) era Alcalde del Cuartel 5º (*), descuidando su cargo por atender el
negocio de pulpería y posada. Ante numerosas quejas por incumplimiento de sus deberes, el 27 de mayo de 1867 recibió la siguiente nota del Juez de Paz Don Enrique Sundblad:
“Al Alcalde del Cuartel 5º (*).
Ciudadano Francisco Acosta
En atención al mejor servicio, ha resuelto el infrascripto cese Vd. En el empleo de
Alcalde del Cuartel 5º (*). De ese partido, habiendo sido nombrado en su reemplazo el
ciudadano Ángel Arosa, a quién deberá Vd. Entregar todo el archivo y Armamento
perteneciente a esa Alcaldía, dando cuenta enseguida a este Juzgado.”
El 28 de junio de 1867 se crea la Comisión Municipal del partido de Monsalvo, siendo
sus primeras autoridades;
Agustín Lastra
Miembros Titulares Emiliano Aguirre
Manuel Aizpitarte
Agustín Acosta (h)
Orígenes de Estancia La Rosa y del Paraje Monsalvo
Su origen es muy antiguo: en 1812 le es concedido a Juan Vicente Aguilar, cuyos
herederos venden en remate oficial en el mes de julio de 1824, unas leguas de terreno, siendo comprador el entonces teniente Agustín Acosta.
El 4 de septiembre de 1837 el Superior Gobierno reconoció la propiedad de un terreno
en un paraje conocido como “puntas de Monsalvo”, a favor de José María Escurra y Agustín Acosta, cuya superficie se componía de cinco leguas cuadradas aproximadamente.
El 15 de mayo de 1838, José María Escurra vendió a Agustín Acosta la parte que tenía de
terreno.
El 20 de Junio de 1868 el Superior Gobierno vendió a los herederos de Agustín Acosta
876 milésimas de una legua cuadrada que resultó el sobrante de la mesura practicada en el año 1866.
En el año 1906, los herederos de Agustín Acosta, venden a la Compañía del Ferrocarril
del Sud 308,734 metros cuadrados destinados a la estación y vías.
((*) A través de los años los números de los cuarteles han variado, con excepción del Nº 1 que pertenece al ejido urbano, este relato tomado de antiguos escritos, contiene para el mismo cuartel dos números distintos, no podemos saber si se debe a un error de trascripción o efectivamente así se los denominaba.)
Martín Fierro – Documentos que pueden certificar la existencia real del personaje en el pago de Monsalvo. (**)
Bien sabemos que es una creencia bien generalizada la existencia de Martín Fierro
como un personaje de ficción. No obstante se reproducen a continuación una serie de
documentos que pueden tener relación con el personaje de Hernández, relatos que habría
obtenido de su gran amigo Álvaro Barros quién estaba como Jefe del Batallón Nº 11 de línea, destacado en Azul, que por ese entonces era la frontera Sud con el indio, cuando se suceden los acontecimientos que a continuación se relatan.
Es interesante observar, que, en la documentación, que lógicamente es cronológica, se
refiere siempre al mismo individuo, por los hechos, los lugares y las consecuencias. El porqué del nombre “Martín”, cuando dicha documentación dice Melitón, todavía, hoy es un misterio, el Sargento Mayor Álvaro Barros o el redactor se equivocaron probablemente y escribieron Martín, pasando inadvertido al ser firmado por Álvaro Barros.
Es así que en 1866 un individuo con el nombre de Martín Fierro es enviado preso a la
frontera del Sur.
El citado documento expresa lo siguiente: (documento encontrado en los archivos del Juzgado de Paz del Tuyú por Rafael Velázquez.)
“El Comandante en Gefe de la Frontera Sud
Azul, Agosto de 1866
Al Sr. Juez de Paz de Monsalvo,
Don Enrique Sundblad.
El que suscribe acusa recibo de la comunicación de V. fecha 16 del presente y del individuo Martín Fierro, destinado al Batallón 11º de Línea, recomiendo a V. Haga todo empeño en remitir algunos más para remonta del cuerpo.”
Dios Gde. a V.
Álvaro Barros.
El 10 de agosto de 1866 el Juez de Monsalvo comunicó al inspector de Milicias D.
Arturo Martínez que el individuo Melitón Fierro, ha sido sentenciado al servicio de las armas en el batallón de Línea.
Al comunicar a Barros, el Juez de Paz de Monsalvo, con respecto a Fierro, se dirige en los siguientes términos:
“Mari – Huincul, Agosto 10 de 1866
Al Sr. Jefe del Batallón 11 de Línea, Sargento Mayor Álvaro Barros.
El infrascripto remite a V.S. de Juzgado en Juzgado, al preso Melitón Fierro destinado al servicio de ese Batallón por el término de tres años, a contar desde la fecha, a causa de haber resuelto el Señor Juez del Crimen del Departamento Sud (***), que las heridas inferidas por el referido Fierro eran leves, y por consiguiente correspondía a este Juzgado condenarlo.
Dios Gde. a V. S.
Enrique Sundblad
Juez de Paz de Monsalvo.”
(***): Dolores)
El mismo día el Juez de Paz de El Vecino (hoy Gral. Guido) emite una nota al Juez de
Paz del Partido de Arenales (hoy Ayacucho) diciendo:
“Al Señor Juez de Paz y Cmte. Del Partido de Arenales
El infrascripto remite á V. al preso Melitón Fierro y un pliego cerrado del Sr. Juez de Paz del Partido de Monsalvo para que se sirva V. hacer pasar bajo segura custodia, de Juzgado en Juzgado, hasta el Azul á donde se halle el Gefe del Batallón Nº 11 de línea Sargento Mayor Dn. Álvaro Barros.
Dios Gde. á V. ms. años”
(Libro copiador de notas del partido de El Vecino, Pág. 197,198, año 1866.)
Una Pelea en la Pulpería La Rosa
“La Rosa” ó “Boliche de La Rosa”, estaba ubicada en campos pertenecientes al coronel
Agustín Acosta, cuya estancia se llamaba La Rosa, en ella se produce, por cuestiones del
momento, una discusión y posterior pelea entre dos individuos llamados Melitón Fierro y
Policarpo Vera, (el historiador Gramigna lo llama Pablo, que era hermano de Policarpo) por la misma el primero hiere levemente, con un cuchillo, al segundo y pretende darse a la fuga, pero una partida lo apresa y es detenido en “Mari-Huincul”
Es remitido a Dolores y en la nota se expresa:
“Mari Huincul: 27 de Junio de 1866
Al Sr. Juez de Primera Instancia en lo Criminal del Departamento del Sur,
Doctor J.J Cueto.
El infrascripto tiene el honor de dirigirse a VD. comunicándole que por conducto del Sargento Bartolo Santucho, remito a V.S. el sumario Criminal, de una pelea acaecida en este partido, de que resultó reo Melitón Fierro, a quién con esta misma fecha y a cargo del mismo Sargento remito a la disposición del V.S. como también las armas que le fueron tomadas.
Dios Gde. á V.S. (**)
(**Tomado de “Notas recibidas de los Alcaldes años 1866 – 1867” Actualmente este libro ha
desaparecido del Juzgado de Paz de Maipú lo que hace presumir que la persona que lo llevó sabía que se trataba del personaje de José Hernández. También al libro de notas de 1867/68 se le han arrancado las páginas 17, 18, 19 y 20, presumiblemente hecho realizado por la misma persona, porque en la página 7, se ha subrayado con lápiz, “Carmelino Fierro”, en una nota que dice; “Mari – Huincul: Mayo
15/1867. Al Alcalde del Cuartel 2º. Citará Vd. Para que comparezca el miércoles 20 del corriente, al
vecino de ese Ctel. Carmelino Fierro, a contestar una demanda que le ha interpuesto Miguel Javer por mezcla de ovejas”. Esta persona que posiblemente estuvo investigando, creyó que Carmelino Fierro pudo haber sido pariente de Melitón.) (1)
El 1º de julio de 1866 el Juez de Paz Don Enrique Sundblad le envía al Alcalde del
Cuartel 2º Don Agustín Lastra, la siguiente nota;
Mari Huincul, Julio 1º de 1866
Al Alcalde del Cuartel Segundo
Ciudadano Agustín Lastra.
Inmediatamente que esta reciba remitirá Vd. A este Juzgado, el facón del individuo Pablo Vera; así también un caballo zaino, un lazo trenzado y un bozal, perteneciente al reo Melitón Fierro, y que se encuentran en la casa del referido Vera.”
Dios Gde. a Vd. (***)
(***: Libro Copiador de notas del Juzgado de Paz de Maipú)
Fierro es incorporado a la Segunda Compañía acantonada en Tapalqué,
permaneciendo hasta el 26 de diciembre, día que desertó junto con Sixto Base. Regresando a su Pago de Monsalvo.
Álvaro Barros fue confidente y colaborador en la redacción de varios artículos del diario
“El Río de la Plata” fundado por José Hernández el 6 de agosto de 1869 y a su vez en
noviembre del mismo año crea el Club d de los Libres donde se reunían Álvaro Barros, Vicente G. Quesada, Carlos Pellegrini y otros. Es muy probable que Álvaro Barros le contara las andanzas de Melitón Fierro y que despertara en José Hernández la creación de su obra literaria que comienza a elaborar en marco de 1871.
El 17 de enero de 1873 pone en circulación su poema gaucho con notable repercusión en toda la campaña.
(1): Esta aclaración corresponde a la investigación del Ing. Juan J. Barbieri para su libro Maipú; Por tus primeros cien años, del año 1978. Por esos años los libros de las actuaciones en los Juzgados de Paz, que quedaban, fueron solicitados desde la provincia a donde fueron enviados.
Esta investigación sirve para demostrar la existencia de Melitón Fierro en el Partido de Monsalvo, certificar la amistad que unía a Álvaro Barros con José Hernández y la posibilidad de que aquel pudiera haberle trasmitido el relato de los acontecimientos antes mencionados y en los que podría haberse inspirado Hernández para escribir nuestro poema gaucho por excelencia.
Solo el tiempo y la aparición, por supuesto, de los originales a los que se hace referencia en este relato podrán demostrar esto.
De este modo podremos afirmar con certeza, que los hechos que tuvieron lugar aquella tarde del 7 de junio de 1866 en una pulpería de Monsalvo, fueron los que originaron el Martín Fierro.

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Bibliografía: Por los Pagos de Monsalvo de Iver E. Gramigna – Maipú por tus primeros cien años del Ing. Juan J. Barbieri ambos edición 1978 - investigaciones propias y otras aportadas por el Dr. Oscar Guma, de las fotocopias facilitadas para el libro “Yo Melitón”.
Maipú: abril de 2006
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Fuentes:
http://www.lanacion.com.ar/196093-de-la-literatura-a-la-historia
 El gaucho Martin Fierro y La vuelta de Martin fierro (Jose Hernandez)
'SIETE CONVERSACIONES CON JORGE LUIS BORGES', Fernando Sorrentino, Edit. EL ATENEO, 1974
Yo, Melitón (Agustin Villasol)
 BREVE HISTORIA DE MONSALVO
Y las andanzas de Melitón Fierro en la zona (Juan Naddeo)