miércoles, 18 de julio de 2012

Gardel, el malevo




Información confusa, datos nunca aclarados, documentos falsificados: todo contribuyó a mezclar historia, mito y leyenda en la relación de Carlos Gardel con el mundo del delito. La temprana huída de su casa, una supuesta detención en Ushuaia, su relación con el hampa, el balazo que le dieron en el pecho y hasta un misterioso hecho policial ocurrido en La Plata, que incluía un puntazo propinado por el zorzal.


Cae la medianoche en el bodegón de Edgardo, en 17 y 71. Sobre las mesas las propinas se mezclan con migas de pan, vasos con fondo de vino y platos con restos de milanga. Edgardo camina esquivando sillas y tararea un tango que suena tenue. En una de las dos mesas que quedan ocupadas charlan un pelado encorvado y grandote como un ropero y un canoso que apenas se sostiene despierto. El pelado, que parece tener tantos años como la ciudad, carraspea y levanta la voz para que Edgardo también escuche:
-Che, ¿conocen el cuento de Gardel y el acuchillado? Esa historia de cuando “el Morocho” vino al hipódromo con sus amigotes y se cargaron a un tipo. El pelado abrió los ojos y Edgardo paró la oreja.
-¿La saben o no? –insistió el pelado
-Que Gardel cantó con Razzano en este mismo boliche sí, eso lo sé, pero eso del hipódromo es chamuyo –lo provocó Edgardo.
-Qué chamuyo ni chamuyo. Pasó y pasó acá nomás, ahí atrás de la estación. Mi viejo siempre la contaba –respondió el pelado. Y se largó con la historia:
“Fue en 1915 o 16. Gardel vino al hipódromo con su amigo Ruggierito y otros malandras. Parece que después de una carrera tuvieron un entredicho con unos patoteritos de acá y la cosa siguió en los bares del Meridiano V. Y ahí insulto va, insulto viene, parece que Gardel manoteó un cuchillo de un mostrador y se lo enterró a uno en la panza. El griterío avispó a los canas de la estación y en el despelote casi todos se fueron corriendo, excepto dos, que los canas alcanzaron a manotearlos. Uno de esos dos era Gardel y el otro un pibe de la otra banda. Al acuchillado lo cargaron en un tren y lo llevaron a Mira Pampa. El Morocho fue a parar al calabozo. Lo salvó Ruggierito, un pesado que tenía contactos con la política. Así que ese mismo día lo sacaron de la sombra y además no dejaron ningún papel ni nada que lo dejara pegado a Gardel”.
Esta anécdota que contó el parroquiano del bar de Edgardo hace dos viernes puede parecer inverosímil si se desconocen las historias, mitos y leyendas que circulan alrededor del Zorzal. Pero decenas de libros y autores han polemizado –y lo siguen haciendo- sobre la veracidad de los datos que vinculan a Gardel con el delito. ¿Estuvo preso en Florencia Varela a los 14 años? ¿Fue recluso en el penal de Ushuaia? ¿Falsificó documentos? ¿Era amigo de caudillos mafiosos? ¿Por qué le pegaron un tiro en el pecho?


Preso en Varela

El 11 de septiembre de 1904 el adolescente Carlos Gardes (todavía conservaba su apellido francés) fue detenido en Florencio Varela luego de que su madre Berta hiciera una denuncia por abandono de hogar. Las pruebas están en la Oficina Central de Identificación de La Plata, donde se registra una ficha policial (Nº 1614) en la que se consigna que el detenido se llama “Carlos Gardez”, tiene 14 años, nació en Tolosa (la ciudad francesa de Toulouse, en castellano), de 1,60 de estatura, cabello castaño, frente mediana, ceja arqueada y nariz recta. El comisario resolvió entregarlo a su madre.
Eran años en los que el futuro rey del tango frecuentaba bares poblados de rufianes, por lo que algunos historiadores no descartan su participación en fechorías menores. Según Julián y Osvaldo Barsky, autores de “Gardel, la biografía”, “existen distintos elementos que prueban que Carlos Gardes tenía abierto un prontuario en la Policía” donde se indican “sólo dos entradas por averiguación de antecedentes”.
Entre los historiadores aún queda la duda acerca del verdadero contenido de ese prontuario y las alteraciones que pueda haber sufrido cuando Gardel ya era una estrella internacional.

Engayolado en el fin del mundo

La historia de Gardel preso en Ushuaia comenzó a rodar cuando Tabaré De Paula, en julio de 1969, aseguró que a los 20 años el Morocho había estado encerrado en una celda del “presidio del fin del mundo”. Para probarlo dio a conocer una postal que habría sido firmada por el cantor a otro preso, Eduardo Villanova, quien aseguraba haber compartido el viaje de su liberación –a bordo del vapor Chaco- junto al Zorzal. La tarjeta llevaba ocho firmas, entre las que estaba la de “C. Gardel”. El historiador también aseguró que “Gardel terminaba de cumplir una condena fundad en la ley Nº 3335 que castigaba la reincidencia con penas correccionales en el sur”.
Unos meses después, el calígrafo Mario Ítalo Argentino Gioia estudió la firma y concluyó que no pertenecía a Carlos Gardel. Sin embargo, la leyenda siguió su curso: algunos afirmaban que Gardel fue a parar a Ushuaia por actuar de campana en un tiroteo entre patotas de la política; otros hablaban de un lío de polleras. Lo cierto es que no existe documentación que pruebe la estadía de Carlitos en el penal fueguino. Para esto también hay una leyenda: toda la documentación se perdió en el sótano de la desaparecida Penitenciaría porteña de las calles Coronel Díaz y Las Heras.
A pesar de las pruebas endebles, en la cárcel de Ushuaia, hoy transformada en museo, se cuenta a los turistas que en el pabellón 4, celda derecha Nº 15,  estuvo preso Carlos Gardel.

El “padrino” y el custodio

Entre las amistades que supo cosechar Gardel se cuenta la de Juan Ruggiero, alias Ruggierito, un pistolero que ofició de matón del caudillo conservador de Avellaneda Alberto Barceló. El dúo Gardel-Razzano cantaba durante los actos de campaña de Barceló y frecuentaba los comités conservadores, donde paraban rufianes, proxenetas y prostitutas y reinaba el juego clandestino.
Gardel y Ruggierito compartían la pasión por el tango y las carreras de caballos. Se los veía juntos en los Hipódromos de Palermo y también de La Plata. Además de ofrecerle protección, Barceló y Ruggierito le resolvieron a Gardel sus problemas de documentación: le consiguieron una cédula de identidad con su nombre artístico (Gardel en lugar de Gardes) donde figuraba como nacido en Avellaneda.

Un balazo en el pecho

En la madrugada del 11 de diciembre de 1915 ocurrió uno de los episodios más enigmáticos de la vida de Gardel. En la entrada del Palais de Glace de la Capital Federal el Zorzal fue baleado. Existen tres hipótesis sobre lo que sucedió esa noche: según el chofer de Gardel, Antonio Sumaje, el cantor y sus amigos fueron provocados por una barra de compadritos, que  luego de discutir los siguieron y les dispararon. El único herido fue Gardel, que recibió un tiro en el pecho disparado por Roberto Guevara. Otra versión indica que se trató de una venganza porque el Morocho del Abasto le había birlado la novia a un hampón. La historia del balazo tiene una tercera y disparatada teoría: Gardel se habría tiroteado con Le Pera arriba del avión que finalmente se estrelló en Medellín.
Lo cierto es que Gardel recibió un balazo en el pecho y el proyectil, que no afectó a sus pulmones, convivió con él hasta el día de su trágica muerte.

Del Abasto a La Plata 
La tradición oral asegura que Gardel cantó en La Plata por primera vez a fines de 1915 en un escenario montado en el paseo del bosque. Al año siguiente se presentó en el Coliseo Podestá y en el Teatro del Lago. Recién en 1925, acompañado por Razzano, cantó otra vez en el Podestá y dos años después lo hizo junto al guitarrista Barbieri en la sala del viejo Select. En 1933 su voz conquistó para siempre a los platenses cuando luego de una función en el teatro Astros salió a la calle y cantó para una multitud desde arriba del techo de un auto.


Flojo de papeles

Como han demostrado los historiadores más serios, el verdadero nombre de Gardel era Charles Romuald Gardes. En los boletines de la escuela y en su ficha de detención policial figura como Carlos Gardes. Hacia 1920 Gardel necesitaba documentación para hacer una giras por Francia y España. El inconveniente era que si llegaba a París con un documento que acreditaba su nacionalidad francesa sería detenido por desertor, ya que le hubiera correspondido defender a su país en la Primera Guerra Mundial. Por eso recurrió al caudillo conservador Antonio Barceló que le consiguió una cédula argentina. Previo a esto, Gardel se registró en la Argentina como ciudadano uruguayo residente en Buenos Aires, lo que luego contribuyó a la teoría del supuesto nacimiento del Zorzal en Tacuarembó (Uruguay).

Martin Ale
Fuente
http://www.diariohoy.net/accion-verNota-id-3452

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