martes, 28 de abril de 2020

El Tango y el Cuchillo, Simplemente…Esgrima Maleva.

  Principios del siglo XX, Buenos Aires, vive tiempos de cambios el gaucho sufre el alambrado, se acercara a la ciudad, tiempo de orilleros y arrabales, el Tango, esa música nacida proletaria, llegara dara en un crisol el nacimiento de esa nueva especie, donde el matrero se malevo, y cambia su pañuelo por un lengue, pero el cuchillo se queda donde esta…Desde hace mucho busco similitudes entre el tango y la esgrima criolla; las hay, y varias, uno podría decir que son casualidades, bueno, entonces yo presentare datos y hechos, queda en cada uno pensar si influyo o no.


  Hay muchos antecedentes de danzas que poseen movimientos de combate, podemos nombrar la “Danza del Maní” (siglo XIX y comienzos del XX, Cuba), donde se asemejan movimiento de pugilato, hasta “La Danza Chau”, este es un arte escénico tradicional del este de la India con el que se interpretan episodios de poemas épicos, como el Mahabharata y el Ramayana, y temas folclóricos locales o temas abstractos. Sus orígenes se pueden encontrar en determinadas modalidades autóctonas de danza y prácticas marciales. Sus movimientos comprenden simulaciones de técnicas de combate; y la lista continuaría “Capoeira” del Brasil,  el violento “Tinkus” de Bolivia, la perdidas “Danzas de las Espadas”· de Escocia y podríamos seguir interminablemente, ya siglos atrás se danzaba antes de la guerra y después, se danzaba para pedir a los dioses buena ventura, para agradecer, y como no, para preservar movimientos de combate, la llamada técnica.



La influencia del cuchillo en la cultura del baile del tango.
  La esgrima criolla existe hace muchos años, más allá de tiempos coloniales; el criollo, el indio, el gaucho de pequeños, y yo también lo hice de chico, en esta tradición que aún es vigente, se practicaba el visteo con un palito tiznado (en brasa apagada), a modo de cuchillo, y el “juego” era dibujar en el adversario una marca, entre planazos, hachazos y chuzasos, se dirimía el mejor visteador.
  Centrándonos geográficamente en la zona Rioplatense, más centrado en la porteña de Buenos Aires, y sus arrabales, a finales del siglo XIX, nace el Tango, y allí otros protagonistas el malevo, el compadrito, el taita…el guapo, todos como el cruzado iba con su yelmo y su espada, estos personajes del arrabal, tenían fungi, lengue, fiyingo y facón. El lugar de reunión se daba en bares, piringundines, prostíbulos, y los asuntos se arreglaban a cuchillo, uno a uno, la honra y la fama era importante, esta era la “otra clase social”, el dandy sus diferencias las arreglaban en duelo de esgrima o pistola, con padrino y contrato.

  Y quienes eran estos personajes, los malevos están presentes en las poesías de muchos tangos. Y muchos escritores, artistas, filósofos, pensadores, médicos y sociólogos han incursionado en el vivir y sentir de los malevos. Definir a los malevos es un tanto impreciso, porque su estilo de vida, su sentir, sus costumbres y códigos son compartidos por muchos otros tipos de personajes de la época. Es ese anacronismo histórico que nos lo impide y a la vez esta argentinidad que nos da la comprensión. Si nos limitamos a la definición de la palabra malevo, encontraremos algo así como: "Maleante, matón, gente de mal vivir de los arrabales". Y en gran parte es verdad, los malevos no eran precisamente el candidato ideal, que cualquier madre "decente" de la época, soñara para su hija. Los malevos eran gente recia, dura, viril. La mayoría se sustentaba de la “vida fácil” y era normal tener problemas con la policía y cuentas pendientes. Pero también era común que estén al servicio de algún Señor, político o poderoso oligarca. Alguien que lo “bancaba”. A mi vista gente dura y de honor, un honor particular, el tigre Millán murió en esa ley.

  El compadrito, como lo demuestra la palabra, es menos en todo. Imita al compadre, pero mal. No infunde temor. Mientras el compadre se impone por mera presencia y por conducta, el compadrito llena sus carencias con lenguaje vil y aires de fanfarrón. Es chanta. Es un gaucho sin caballo que no soporta la baja estatura y se desvive por hacerse notar, exagera su vestuario. Cuando camina pareciera que está bailando. Pese a su esfuerzo por verse bien, su pelo perfumado y su «aire de bacán», la gente no lo aprecia ni respeta. Cuando cae en apuros no duda en desenfundar el revólver, cosa de miedosos que jamás haría un compadre. Para ganar dinero no alquila sus servicios al comité, donde hay riesgo y lealtad, sino que prefiere el camino más seguro del cafiolo. De hecho hoy día la frase “hacerse el compadrito” nos pinta lo que era. El compadrito siempre quiso ser como “ el guapo”, porque el guapo es valiente, y con eso se nace, es bravucon porque puede, y a diferencia del malevo el guapo no siempre estuvo del lado opuesto de la ley, no necesito laderos, él era guapo.
  Y cuando las diferencias aparecían, se habría la cancha o se salía a la calle, y los cuchillos bailaban y definían buscando un barbijo o benteveo, o peor, una puñalada mortal, el orgullo sobre todo, en una charla que tuve hace años, un hombre de esos años me contaba que no era lo importante ganar el duelo, era pelear, una vez terminado el duelo, la ofensa estaba terminada, era mostrar que ambos tenían valor, raza viril.
  Las diferencias para un enfrentamiento entre varones, se podía dar ya sea por cuestiones de honor, de polleras, o simplemente por el buen nombre, eso se ganaba y siempre a punta de cuchillo.



Acá me gustaría citar a Matías Acosta, quien aporta los siguientes datos.
   “En cuanto a lo rigurosamente técnico que el Tango hereda del Visteo esta nada más y nada menos que la postura del “Abraso”. En el Visteo se enrolla una prenda (típicamente un saco o un poncho) alrededor de uno de los antebrazos para ser utilizado como escudo, para golpear, distraer al oponente y evitar los cortes del Facón, el brazo se coloca por delante de sí mismo de forma horizontal a la altura de el abdomen, el pecho o la cara; ese mismo gesto en el Tango se ve reflejado en el brazo que toma a la pareja por detrás de la espalda y sirve para atraer a la pareja hacia nuestro cuerpo y regular la distancia del abrazo. En el Visteo la otra mano porta el cuchillo y se extiende hacia delante y hacia arriba ejecutando estocadas descendentes o paralelas y cortes transversales; en el Abrazo de Tango esa mano toma la palma de la pareja, efectivamente se extiende a la misma altura, aproximadamente en la línea de los hombros dependiendo de la altura de la pareja y cumple la función de ejercer una conexión de avance y acometida a través de ejercer una pequeña tensión que se traslada al resto del torso.
   Pero eso no es todo, una de las de la técnicas en el Visteo conocidas como “Apuntar” consiste en apoyar uno de los pies por delante estirándolo y apuntando con la punta del pie hacia nuestro objetivo mientras el peso del cuerpo se deposita en la pierna posterior la cual esta flexionada a diferentes alturas y el pie se halla apoyado en diagonal, esta posición servía para “Tantear” (aproximarse y evaluar al oponente) facilitando la posibilidad de un retroceso rápido o un salto para esquivar la hoja del contrincante. Esta técnica se ve plasmada en la progresión del paso en el Tango hacia delante y a los lados, donde uno primero apoya la planta del pie paralelo y rasante al piso, por delante de sí y sin transferir el peso ni desplazar el eje del cuerpo hacia adelante, esta técnica en el tango sirve para ejercer un mayor equilibrio, conexión, facilitar movimientos, adornos y cambios de dirección. Los pasos laterales en el Visteo y en el Tango también son casi idénticos siguiendo la misma mecánica de los pasos hacia delante pero en este caso apoyando primero el metatarso.


  
 Luego tenemos el “Paso Cruzado” que es cuando el pie delantero se apoya en una diagonal que cruza o se apoya sobre la línea del otro pie apuntando hacia delante y la punta del pie posterior hacia afuera, la cadera se disocia del torso la cual sigue la dirección del pie delantero y el torso sigue la dirección opuesta. Tanto en el Tango como en el Visteo este paso se utiliza para cambiar de dirección y para obtener más energía de rotación para girar a través de la disociación de la cadera manteniendo el equilibrio. En el Tango esta posición es crucial para el desarrollo de una increíble variedad de figuras y posibilidades de interpretación, dicha técnica tal cual como se describe no se encuentra presente en ninguna de las danzas tradicionales y populares de la época lo cual significa una clara evidencia de los orígenes técnicos del Tango en el Visteo.”
  Un detalle que también se da en la esgrima criolla, es que rara vez se realizan dos pasos en línea recta, o nos movemos en círculo o, dos para atrás y uno para el costado, o dos pasos adelante y uno para el costado, como en el paso básico del Tango. Los cambios de peso en diferentes piernas en el tango, recuerdan a una técnica de la esgrima criolla llamada cuarta, la cual se entrenaba para adquirir la rapidez necesaria para entrar en el espacio del oponente, chusear e irse rápido, esto se entrenaba con  movimientos muy lentos y mucho tiempo, es una técnica muy apreciada, y repito se ve en el baile del tango, casualidades?...

  Otro dato pintoresco es que el guapo realizaba el anudado del lengue con diferentes nudos, el más coqueto era el nudo galleta, y recordemos que el porteño es coqueto y varonil, este nudo tenía una forma de desprenderlo de un tirón, quedando presto y enrollado en el brazo izquierdo listo para la pelea, no siempre tenía su poncho o manta a mano, y de la derecha asía fuertemente el cuchillo o facón. En la sisa del saco se solía llevar el fiyingo un cuchillo de no más de 16 cm, este era su refuerzo, un cuchillito pequeño, pero letal.

Y más allá de fuentes e investigaciones el alma de esto está en el tango.
  Esta es una parte de la letra del tango Mandria (Brancati-Velich,1926 ) para ir adentrándonos.

“Tome mi poncho... No se aflija...
¡Si hasta el cuchillo se lo presto!
Cite, que en la cancha que usté elija
he de dir y en fija, no pondré mal gesto.

Pa' los sotretas de su laya, tengo güen brazo y estoy listo...
Tome... Abaraje si es de agaya, que el varón que taya
debe estar previsto.
Esta es mi marca y me asujeto.
¡Pa ' qué pelear a un hombre mandria!
Váyase con ella, la cobarde...
Dígale que es tarde, pero me cobré.”


    Y lo que es un guapo con el Tigre Millan (Francisco Canaro,1934), quien murió, a traición y sus ultimas palabras fueron en dialogo con quien lo encontró herido de muerte con sus últimos alitos de vida, -Quien te hizo esto, Tigre? A lo que el respondió con una frase que dejo para la historia el malevo Millán “El hombre para ser hombre no debe ser batidor”

«Cuentan que una noche bramó como fiera, en un entrevero que hasta se comenta repartiendo hachazos era una tormenta, mostró su coraje batiendo a un malón...».

  Aca Ventarrón (Staffolani,1933), donde se plasma lo importante de a fama

“Por tu fama, por tu estampa,
sos el malevo mentado del hampa;
sos el más taura entre todos los tauras,
sos el mismo Ventarrón.

¿Quién te iguala por tu rango
en las canyengues quebradas del tango,
en la conquista de los corazones,
si se da la ocasión?

Entre el malevaje,
Ventarrón a vos te llaman...
Ventarrón, por tu coraje,
por tus hazañas todos te aclaman...”

  Estas son por lo general historias reales, y si no son reales, es lo que se vivía día a día, en dónde? En los arrabales, entre guapos, cuchillos y todo al ritmo de 2 X 4.



Este articulo cuenta con gran influencia de Matias Acosta y Marcelo Solis.

Sitios que te pueden interesar:
El fiyingo, aquel cuchillito malevo
Los malevos y el tango
EL Tigre Millan, la historia detrás del mito
History of Tango- Excerpt: Tango and Knifefigth

  
Fuentes:
 “Arqueología Tanguera” articulo por Matías A. Acosta
 “Esa víbora el cuchillo” articulo por Nicolás Sosa Baccarelli.
 “Historias de duelos, malevos y compadritos y duelos” articulo por Jorge Prina.
 “Esgrima Maleva, Buenos Aires del 900” libro de Alejandro Manuel Fuertes.
 “Esgrima Criolla: Esgrima de Cuchillo Tradicional” articulo por Jorge Prina.
 “Guapos eran los de antes” artículo de Guillermo Monti
 “Los malevos” artículo de Guillermo Brizuela