lunes, 11 de febrero de 2019

El Tigre de Quequén, su historia.


Realidad y fantasía se mezclan en la vida del personaje de Eduardo Gutiérrez. Hubo quien creyó que fue tan sólo una invención del folletinero porteño, luego plasmada -y popularizada- en un libro cuya portada muestra el grabado de un gaucho huyendo de la partida, pero esta historia es real, sigue leyendo y no solo lo comprobaras, sabrás mas de este gaucho matrero, cuchillero, que en sus últimos días se enderezo…


Pero lo cierto es que existió! Eduardo Gutiérrez lo visito en la penitenciaria, donde escribió su historia, también lo demuestran los expendientes judiciales consultados de los partidos bonaerenses donde sus fechorías se hicieron patentes y, en el archivo histórico de la ciudad de La Plata, y como si fuera poco, con un arduo trabajo de investigación conseguí esta imagen que muestra a Felipe Pacheco, El Tigre de Quequén, junto a sus hijo poco tiempo antes de fallecer.
 
Eduardo Gutierrez, el mentor de la leyenda
El comienzo de la vida de matrero de Felipe Pascual Pacheco, alias "el Tigre del Quequén", tiene mucho en común a la de tantos gauchos de la época: una “injusticia” lo llevó a defender su hombría a punta de facón. Este fue el comienzo de una serie de desencuentros con la justicia las partidas, y así comenzó su leyenda.
Felipe Pacheco había nacido en 1828 en el barrio porteño de Palermo, pero cuando todavía era un niño fue abandonado por sus padres y es criado por una mujer llamada Gregoria Rosa.
Hacia 1860 Pacheco llegó a la Lobería Grande y contrajo matrimonio con Juana Moreno, madre de seis de sus hijos. Su vida transcurrió sin mayores sobresaltos hasta 1866, cuando comenzaron las desdichas, ya que en duelo hiere de gravedad a un matrero muy mentado, por lo cual, tuvo que adentrarse campo adentro. Así es como comienza y Felipe Pacheco cimenta su fama a punta de cuchillo y, según relatan crónicas de la época, "era temido por los gauchos e imbatible con el facón y el rebenque".y gana el mote de "el Tigre del Quequén", por su astucia, fiereza y sorprendente habilidad para evadir a la partida.
Fue así que en el año 1866 se le inicia a Pacheco una causa criminal por una muerte hecha en el partido de la Lobería. Dice el escrito "que el criminal ha desaparecido y abandonado sus bienes y familia" (tenía 6 hijos).
Pacheco se reúne nuevamente con su familia y se establece en la estancia de un fuerte hacendado, Don Angel Zubiarre (cerca de la actual ciudad de Necochea), Don Zubiarre era uno de los primeros pobladores de Necochea, y bajo su ala de protección estuvo El Tigre. Con el tiempo se hace de una tropilla, también es conchabado como resero y recorre con este oficio varios partidos del centro sur de la provincia de Buenos Aires, para El Tigre son tiempos de paz… pero a menudo en pulperías o campamentos de troperos, debe responder-a rebencazos, como era de rigor- a las bravuconadas de paisanos provocadores o de simples pleiteros en busca de gloria, ganarse la fama de ser el matador del Tigre de Quequén, es así que cada duelo o "hazaña” de acrecentaba su fama de matrero. Fue tildado de ladino, pendenciero y malentretenido. Perseguido durante años y por el odio que le inspiraron los hombres, estableció su real en una cueva de las barrancas del río Quequén. Por su fiereza y habilidad, para salir airoso de cuanta celada le era preparada, fue apodado "el Tigre del Quequén".
En la zona de Tres Arroyos, donde luego se desempeña como asistente de los jueces de Paz, Antonio Arancibia y Bernardo Arriaga, quien finalmente le advierte que desde el juzgado de Dolores solicitan su captura, tarea para la cual es encomendado el famoso policía "gorra colorada", que lo termina atrapando cuando "el Tigre" salía de su cueva.


La cosa fue asi, la leyenda del Tigre, el gaucho bravo y pendenciero, comenzaba a forjarse. Durante una década supo burlar con fiereza y habilidad los intentos de sucesivos sargentos para enviarlo tras las rejas. Los vecinos del Quequén Salado, atemorizados por su fama, lo denunciaron en 1875, y el comisario Luis Aldaz, más conocido como “El Gorra Colorada” otro rudo personaje de la campaña y diez soldados fueron enviados tras sus huellas.

Cerca del Paso del Médano -por Copetonas- vieron un perro solitario que mansamente los llevó a la guarida de su amo. Despojado del facón y del trabuco que tenía entre sus ropas y sin oponer resistencia, Pacheco fue arrestado y marchó preso atado sobre su propio caballo.

En palabras del  propio Aldaz…"uno de esos criminales que solamente con su presencia aterroriza... autor de 14 asesinatos alevosos y de tener familia con sus propias hijas", pero si bien se le asignaban 14 muertes, cuando el juez de Dolores le pide a su par de Tres Arroyos que informe si "el Tigre" tenía causas o sumarios abiertos, le aclara que es totalmente inocente, incluso, hasta del homicidio de un vasco de la zona del que estaba acusado". En realidad, sólo se le pudo imputar un asesinato y una fuga. Al mayúsculo cargo de incesto, el juez lo desechó de plano. También expresaba el Dr. Aguirre, que "de los demás crímenes atribuidos a Pacheco, no había ningún elemento para imputárselos". Sobreseía a éste y que "debía cumplir la sentencia en la Penitenciaría de Buenos Aires por el hecho de 1866". Lugar donde ingresó Felipe Pacheco en diciembre de 1876.

Ilustracion correspondiente a la primera edicion (1880)
Al parecer recuperó su libertad el año 1880, en premio a su buena conducta y en atención a un problema de salud. Lo cierto es que, tiempo más tarde y escapándole a su fama de "hombre malo", el "Tigre" llegó a La Pampa. Se establece en los campos de Quehué en 1887. Allí peonaba en distintos puestos, cuidando su pequeño capital en haciendas y caballos. Era muy requerido para amansar caballos, oficio que entre otras cosas, le había dado renombre en los pagos bonaerenses de sus años mozos.
Luego tomó una plaza como postillón en la mensajería de Valleé, que por aquellos años hacía su servicio entre Trenque Lauquen y General Acha. Posteriormente, abandona esta ocupación y levanta su rancho en un abra del monte circundante al paraje Toay. Allí existía un boliche llamado "el fortín Llorens", ubicado a pocos metros de la famosa fuente que diera nombre desde muy antiguo a toda la zona y, posteriormente al pueblo.
Aunque entre los moradores del punto era conocido como Pacheco "el malo", se le había dado este título más como respetuoso reconocimiento a sus pasadas andanzas que por pendencias en el lugar. Los testimonios son coincidentes en que nunca, desde que vivió en Toay, tuvo un altercado con nadie. Siempre se reveló como un hombre trabajador, pacífico y de hábitos familiares. Pues una joven mujer que lo acompañaba como esposa, Anacleta Viera, le había dado 6 hijos pampeanos, poderosas razones para no replicar violentamente a indirectas intencionadas que algunas veces le dirigían imprudentes o camorreros.

 

La especialidad de Felipe Pacheco eran los trenzados de sogas, riendas; lazos; bozales, muy condicionados entre el criollaje, en quienes hallaba pronta clientela. Si bien vivía humildemente, como buen gaucho presumido gustaba mostrar sus lujos. Era común que cayera a cuanta reunión campera hubiera, montando su "crédito", un soberbio zaino rabicano emprendando ricamente en plata, causando la admiración y codicia de todos. En tales ocasiones era, invariablemente, centro de la reunión. En fluida charla, gustaba relatar sus pasadas andanzas. Adoptando su más estudiada pose de compadre neto afirmaba no haber sido asesino, y al rosario interminable de muertes que se le imputaban lo reducía a unas pocas, y a éstas haberlas hecho en "güena lay".

Felipe Pacheco en Toay junto a sus Hijos

Cuando Juan Brown funda el pueblo, observando su comportamiento ejemplar y el predicamento adquirido entre el gauchaje de los puestos circundantes, lo hace su hombre de confianza y habitualmente lo ocupaba en diversas tareas camperas. Lo protegió durante años y le permitió vivir en su campo. Su aún fuerte contextura física, pese a ser un hombre de 77 años, se vio atacada por un incurable mal. Felipe Pascual Pacheco, muere el 30 de noviembre de 1898 en su rancho de Toay. Consta en el acto del libro de defunciones que el deceso se produce a causa de "reblandecimiento cerebral”, según el certificado médico del Dr. José Oliver. Horas más tarde de ese mismo día, y también según el archivo del Registro Civil, nacía Agustina, la séptima hija de aquel hombre de 77 años.

La “Cueva del Tigre”
Es una caverna a orillas del río Quequén Salado, donde supo refugiarse Felipe Pascual Pacheco, nuestro legendario gaucho matrero, de vida errante y facón a la cintura. Hoy es una atracción turística conocida, el sitio está ubicado a unos 15 kilómetros de Copetonas. Tomando la ruta hacia Brío. Reta a la altura del cementerio de Copetonas sale un camino entoscado que desemboca en ese sitio donde la naturaleza fue pródiga, bañada por las aguas del río Quequén Salado --límite natural entre los partidos de Tres Arroyos y Coronel Dorrego-- rodeada de altos barrancos, con una impactante cascada (llamada "salto del tigre"), se refugiaba el temible Pacheco, que para algunos historiadores era un bandido rural, y para otros una especie de "Robín Hood" pampeano.




Quien era Luis Aldaz, el cazador del Tigre.
Luis Aldaz nace en Pamplona, Navarra en 1943, era hijo de Martín Aldaz y de Graciosa Arbizú, ambos de nobles familias españolas. Llegó a Buenos Aires en 1871, bajo la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento. Le tocó vivir en una Argentina en pleno proceso de reorganización nacional y modernización, y al mismo tiempo bajo los últimos atisbos del caudillismo tan arraigado en el interior del país. Ingresó como soldado voluntario del Batallón Guardia Provincial, bajo las órdenes del comandante José Ignacio Garmendia. Combatió contra las fuerzas del caudillo entrerriano López Jordán, ascendiendo hasta teniente primero en 1878. Fue oficial de la policía rural de la provincia de Buenos Aires desde 1879. Apoyó la política centralista y porteña de Carlos Tejedor en la revolución de ese año, participando en los combates de los Corrales y Puente Alsina contra Bartolomé Mitre, en 1880. Tras la federalización de Buenos Aires, pasó a la policía de provincia como oficial de frontera.
Llegó a prestar servicios y ser nombrado comisario en Guaminí (provincia de Buenos Aires) entre 1906 y 1917. Ese mismo año fue nombrado inspector general y tres años más tarde se le designó alcalde del departamento de policía de la ciudad de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires).
Durante treinta y cinco años prestó servicios contra el gauchaje alzado, persiguiendo matreros, criminales y ladrones de ganado. Había recibido varias cicatrices de lanzazos, cuchilladas y balazos al someter a temidos delincuentes, como el célebre Felipe Pacheco, alias El Tigre de Quequén. Se le conocía con el apodo de Gorra colorada por el quepis rojo que llevaba. Era de complexión robusta, alto y fornido, con una increíble fuerza física y un riguroso sentido de la justicia.
Ilustracion orrespondiente a la primera edicion (1880)
La Jefatura de Policía de la provincia de Buenos Aires le decretó honores especiales a su muerte por considerarlo el decano de los funcionarios policiales, por su conducta intachable y los innumerables servicios prestados.
Dejando de existir en La Plata, un 12 de septiembre de 1920.

Y una última historia que se supo de el
En sus últimos años de vida, viejo y en paz, hallándose en unas carreras en el Camino de la Arena, un mocetón le cruzó las espaldas con su rebenque y él, haciendo ademán de atropellarlo, se contuvo y exclamó;
— Guacho, canalla!... Hubieras estao veinte años en una cárcel y veríamos si rebenqueabas; a un hombre!
…el Tigre ya estaba cansado.


Fuente:
Caras y Caretas, 7 de enero de 1899, n°14
Diario "La Arena" - suplemento centenario de Toay- Autor Walter Cazenave - 9 de julio – 1994
V. Osvaldo Cutolo, Nuevo Diccionario Biográfico Argentino, t. IV, Buenos Aires, Elche, 1975, pág. 81.
Eduardo Gutierrez, El Tigre de Quequén,
http://www.lagazeta.com.ar

lunes, 24 de septiembre de 2018

Icepick, mito o realidad...

Esta forma de tomar el cuchillo, llamada Icepick , de picahielos o agarre inverso, pensada por muchos como un agarre militar, donde se toma el cuchillo con la hoja hacia el lado del menique y el pomo del cabo encerrado entre el pulgar y el índice. es de lo mas pintoresco, se ve muy lindo, y agresivo, movimientos limitados, solo corta distancia de efectividad, pero...sirve? acá un breve análisis de este grip, y a posterior usted mismo decida.

Este agarre se hizo popular como una toma táctica, y eso tiene un porque, lo vimos en infinidad de películas diría que la más llamativa es el la pelea del film Under Siege (en Argentina llamada Alerta máxima), con Steven Seagal y Tommy Lee Jones, sien do Jefe Ryback, el cocinero Seal que se enfrenta al terrorista Stranix en un duelo de cuchillo que quedo en la memoria de muchos.


Ahora bien, de donde sale este agarre, uno de los primeros manuales militares de cuchillo que surgen, muestra el grip Icepick como el agarre esencial para la eliminación de centinelas, o sea , eliminar individuos, mediante la sorpresa de manera silenciosa, siendo este grip específico para combate a corta distancia, hay sistemas que utizan este agarre, como “Libre Fighting”, un excelente sistema de defensa personal, otros como NAWA (Native American warrior Arts) lo utilizan en la mano de apoyo al usar arma doble tomahawk y cuchillo, y finalmente muchos no lo usan, en el cual se cuida la distancia, y donde se ve cual es la órbita que tendrá el ataque del cuchillo, volviendo a los años de WWII y los primeros manuales de Knifefighting, comienzan a aparecer otros modelos de cuchillos de pelea, comienza a cambiar esta modalidad de ataque, es lo que se ve con el “Smatchet” el cuchillo de knifefighting diseñado por Fairbarn, en Argentina tenemos uno similar de la marca Yarará, llamado “Gloton” que realiza para RDA, un efectivo sistema de combate, liderado por el Mayor Damián Rosatti.


Para terminar, el icepick no deja de ser propio de regiones, lo vemos por ejemplo en su estado más crudo de forma de duelo de pelea, donde? En los penales, en Venezuela, Colombia es predominante, no asi en Argentina, Uruguay, por ejemplo ; en lo personal, me es más cómodo y practico el agarre común, no asi el grip de icepick, pero más allá de los fundamento hay un gran marketing en el tema.



martes, 28 de agosto de 2018

El Cuchillo Mason de Don Juan Manuel de Rosas


Este cuchillo, sin dudas perteneció a Don Juan Manuel, y en mi opinión personal, fue un regalo, vaya uno a saber de quien, Rosas nunca demostró, asi como tampoco dejo ver, algún lado mason, o que pertenciese a alguna logia,el era un criollo, hombre simple, y bastante terrenal! lo abra usado? no lo creo, pero se ve que era muy lindo, y cuanta simbologia tiene este filo!!!


Hoja de acero español. Grabada de un lado con símbolos masónicos y del otro con escudo de la Confederación con inscripción "En Unión y Livertad", reserva con inscripción "para D.J.M.R." sobre fondo de oro; presenta además la inscripciòn "SOY CASTIGO DEL MALBADO" de un lado y "SOY DEFENSA DEL YNOCENTE" del otro. Cabo de forma ahusada de oro liso en sus extremos y alambre torsado en la parte central. Vaina con puntera, brocal y costillas de oro con decoración grabada a flor de agua de rameados, motivos vegetales estilizados e iniciales "E.S.D.J.M.R", forrado en pana marrón. Por tradición familiar perteneció a Don Juan Manuel de Rosas. Este cuchillo fue usado por el General Don Juan Manuel de Rosas en sus Campañas y hasta la batalla de Caseros. Al emigrar a Inglaterra, acompañado por el General Don Pascual Echague y el Coronel Don Manuel Fabre, Rosas en recuerdo le obsequió el presente cuchillo al General Echague al volver este a Buenos Aires. Al fallecer dicho General paso a manos de Don Leónidas Echague Gobernador de Entre Ríos. Este en el año 1880 se lo regalo a Don José V. Victorica que fuera de la amistad de Manuelita Rosas; su padre fue Jefe de Policía de Lavalle y Rosas. Este último se lo regalo a Don Enrique J. Piccardo Victorica (hijo) al cumplir éste 22 años.



Largo: 38 cm.
Argentina, circa 1830.
Propietario Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas.
Propietario General Don Pascual Echague.
Propietario Gobernador Don Leónidas Echague.
Propietario Don José Victorino Victorica.
Propietario Don Enrique J. Piccardo Victorica.




Repoducido en la revista El Hogar del 10 de enero de 1930, "La Guitarra y el cuchillo de Rosas" por Edmundo Montagne, en la que se lo describe profusamente y Don José Victorino Victorica relata su historia.
Entrevista a Don José V. Victorica, realizada por Adriana Piquet en la revista Atlántida del 8 de noviembre de 1934, en la que se refiere a Manuelita Rosas y su época, que el vivió, y a reliquias de la familia Rosas, en su poder, mencionado y mostrando a la columnista el presente cuchillo.
Carta de Don José V. Victorica a Don Enrique J. Piccardo Victorica, su nieto y ahijado, al regalarle el cuchillo que perteneció a Rosas, al cumplir su mayoría de edad.

 
Artículo de Luis F. Núñez en "La Nación" del 25 de octubre de 1992 

Y mas detalles de esta lujosa pieza, una historia cuenta que fue un regalo, por cartas de Manuelita y Antonino Reyes, que se habla de un lujosos cuchillo, en mi parecer no es este, ya que hay muchos datos que no condicen con el mismo.




jueves, 23 de agosto de 2018

El sargento del Tercio de Flandes que adiestro a la fuerza guarani.


Corría el año de 1641, en Sudamérica,  cuando un ejército de mamelucos formado por 400 portugueses, los cuales se dedicaban a esclavizar indios fueron derrotados por un veterano de los Tercios de Flandes, quienes contaba la historia que nunca pisaron América…nunca?  y como es esta historia…comienza así.

Domingo de Torres nació a finales del siglo XVI en la península ibérica, pocos caminos habían para un joven con  espíritu indomable como el que el tenia, es así como termino componiendo en la fuerza más poderosa del planeta  en su época, los tercios de Flandes, el cuerpo de elite que domino Europa. 

Los Tercios eran unidades regulares profesionales permanentemente operativas, se incorporaban a partir de los 14 años, y su servicio era por no menos 20 años, de allí que eran tropas experimentadas, solo vivían para la guerra, y La recluta de los soldados del Tercio la realizaba cada capitán amparado por una patente llamada ‘conducta’, otorgada personalmente por el Rey, se destacó la amalgama de la disciplina con técnicas pulidas de pica, daga, espada y arcabuz.
Volviendo a la vida de Domingo, participo de la guerra de los 30 años así como en la guerra franco española, a daga y espada por toda Europa, licenciándose con más de 20 años de servicio, como sargento.

Y en América mientras tanto en la zona actual del Brasil un comercio de esclavos era manejado por los expediciones de los bandeirantes, estos buscaban metales, piedras preciosas, y capturaban indios que traían encadenados para venderlos como esclavos. Las columnas se organizaban así, un pequeño grupo de jefes portugueses, nacidos en Europa o en el Brasil; una tropa escogida de mamelucos (mestizas de blanco e india) armados con mosquetes y pistolas; un cuerpo numeroso de indios aliados que, como auxiliares de la columna, llevaba lanzas y arcos con flechas. Sus efectivos variaban de algunas docenas a varios cientos de hombres.
Los portugueses se dieron cuenta que los guaraníes tutelados por los jesuitas, se habían transformado en trabajadores agropecuarios bien adiestrados de modo que su valor se duplicó. Un esclavo negro era bueno trabajando por su resistencia física pero demandaba tiempo adaptarlo a las técnicas de laboreo en las haciendas. Por el contrario, los guaraníes gracias a los jesuitas, eran mano de obra capacitada y además, excelentes artesanos y por tanto un lucrativo negocio esclavizarlos.

Es asi como en  la Compañía de Jesús en el territorio Paracuaria, es decir, la entonces provincia del Paraguay,  sufre el asedio de los bandeirantes, estas misiones protegían y cuidaban de los guaraníes, más de 60000, indios fuero esclavizados, fue asi como tras sufrir numerosos ataques, ante esto el jesuita Ruiz de Montoya fue recibido por el rey Felipe IV y de inmediato lo informó de la gravedad de los ataques que estaban siendo objeto las Misiones y asi recibieron el permiso de la Corona de España para adiestrar a los indígenas.
Y es asi que el 21 de mayo de 1640 el monarca firmó una Real Cédula por la que transfería al Virrey del Perú el poder para armar a los guaraníes condenando el tráfico de seres humanos.

Si bien la ordenanza real llegaría cinco años más tarde a Lima, los jesuitas no esperaron todo ese tiempo sino que tomaron la iniciativa. En 1639 habían conseguido de Buenos Aires y de la Real Audiencia de Charcas las autorizaciones para que los aborígenes portaran armas de fuego. El gobernador de Buenos Aires, Pedro de Rojas y Acevedo envió varios instructores y armas y el papa Urbano VIII dispuso que los bandeirantes católicos fueran excomulgados. Como era de esperarse, los portugueses reaccionaron con más furia que nunca y casi matan a los monjes jesuitas que se encontraban en San Pablo tramitando un alto al fuego.
Finalmente en septiembre de 1640 partió la nueva bandeira portuguesa. Se sumaron a esta expedición -que no solo venía ya a saquear y esclavizar sino a cobrar venganza y apropiarse de territorios- varios nobles portugueses e hijos de acaudalados entre quienes se encontraban Antonio de Cunha Gago, Juan Leite y Pedro Nunes Dias. Unos 400 naturales de Portugal ingresaron a las filas bien equipados y armados con espadas, petos o armaduras parciales y armas de fuego. Como siempre, se sumaron los renegados Tupíes y mestizos además de negros esclavos, un ejército de unos 3500 efectivos comenzó a surcar por el río Uruguay en unas 700 canoas.


Notificados los jesuitas del avance del enemigo, el Superior de la Orden el padre Claudio Ruger ordenó concentrar el ejército guaraní de unos 4200 efectivos. El armamento tradicional indígena consistente en arcos y flechas, puñales, macanas y hondas fue reforzado con 300 arcabuces y piezas de artillería algunas de las cuales fueron enviadas desde Buenos Aires.
De inmediato comenzaron la construcción de balsas con unas novedades. Se las "fortificó" con troncos para resistir las piedras y flechas que arrojaban los tupíes y además, proporcionar algún tipo de "blindaje" contra los disparos de arcabuces. Un arma un tanto extraña que utilizaron en esta batalla los guaraníes fue el tambetá que era una quijada afilada y la cual se usaba en la batalla cuerpo a cuerpo como una segadora.

Domingo de Torres llega a América con el fin de adiestrar y preparar militarmente  a los guaraníes, su base será en Mboreré, hoy Argentina, los padres Antonio Cárdenas y Antonio Bernal, ex militares, comenzaron a ejercitar a los guaraníes en marchas y maniobras militares además de técnicas de combate. Simultáneamente, los padres Pedro Mola, Cristóbal de Altamirano, Juan de Porras, José Domenech, Miguel Gómez, Domingo de Salazar, Antonio de Alarcón, Pedro Sardoni y Domingo Suárez se dedicaron al apoyo logístico, la construcción de balsas, etc. Las tropas indias fueron colocadas bajo el mando de los caciques Ignacio Abiarú y Nicolás Nhienguirú siendo su estado mayor los caciques Francisco Mbayroba y Azaray. El padre Claudio Ruger se declaró enfermo delegando el mando a los padres Diego de Boroa y Pedro Romero. La base de operaciones fue situada en la misión Asunción de Acaraguá cerca del arroyo Mbororé.
Dos guaraníes que habían escapado informaron en detalle la cantidad de tropas y calidad del armamento que traían los paulistas.

La Mission retrata lucha de bandeirantes y guaranies
El 25 de febrero el padre Altamirano envió río arriba 8 canoas en misión de exploración. Pero en un recodo de un río, se toparon con mas de 300 embarcaciones bandeirantes. Los guaraníes tuvieron una escaramuza con la fuerza invasora y escaparon perseguido por canoas tupíes. Sin embargo los perseguidores cayeron en una trampa cuando se aproximaron demasiado a la línea defensiva guaraní quienes salieron en auxilio de los suyos. En la refriega que siguió los tupíes hubieran sido exterminados a no ser porque comenzó una furiosa tormenta con truenos y relámpagos que obligó a detener las operaciones.

Con la llegada de la noche, acelerada por el mal tiempo, los paulistas intentaron atacar de sorpresa la posición jesuita de Acaraguá. En la oscuridad, 250 guaraníes en 30 canoas sostuvieron con valor el ataque a la luz de los relámpagos, contra una fuerza superior compuesta por mas de 100 embarcaciones.

Altamirano juzgo prudente retirarse ante la magnitud de las fuerzas invasoras o arriesgaba a perder todos sus efectivos. Antes, ordenó destruir todos los cultivos y víveres para no dejar nada a los atacantes. Esta desición fue acertada ya que el hambre condujo a los atacantes hacia el terreno que los jesuitas y caciques generales habían elegido para presentar combate.

Cuando llegaron a Mbororé se encontraron con las fuerzas guaraníes en línea de batalla y con la novedad que habían fortificado las orillas. Hasta las mujeres colaboraban acarreando todo lo que se necesitaba para mantener a los hombres en buenas condiciones.
Durante dos días los invasores tantearon la situación mientras decidían que hacer. Los jesuitas entre tanto, acumularon más refuerzos y confesaron a todos los que iban a pelear.

El 11 de marzo de 1641 la bandeira abandonó Acaraguá y avanzó río abajo con unas 300 embarcaciones. A las dos de la tarde, 60 canoas al mando del cacique general Ignacio Abiarú tomaron la iniciativa pasando al ataque enarbolando el estandarte de Francisco Javier. Luego de una breve arenga, Abiarú condujo a los suyos directo al medio de la formación enemiga comenzando la batalla que duraría casi una semana. Al frente de la singular flotilla fluvial, guiaba la acción una balsa donde iba montado un pequeño cañón que, al hacer fuego, comenzó a hacer estragos en las filas tupíes.

La noche alivió el combate que hasta el momento, resultaba desfavorable a la bandeira. Catorce canoas y algunas balsas fueron capturadas y muchos prisioneros.
 
Fuerzas bandeirantes al mando de Manuel Pires y Jerónimo Pedrozo de Barros partieron de San Pablo en septiembre de 1640.
Al día siguiente, 12 de marzo, los jesuitas pensaron llevar el combate a tierra firme pero los paulistas no aceptaron batallar lejos del río y por fuera de sus fortificaciones. En eso que parlamentaban jesuitas y caciques los pasos a seguir, llega un mensajero tratando de negociar la paz pero no le fue aceptada la oferta. De inmediato sitiaron el campamento bandeirante por tierra y desde el río sospechando que fuerza invasora estaba maltrecha y buscaban artimañas para reorganizarse. Desde el 12 hasta el 16 de marzo, el campamento enemigo fue bombardeado sin cesar.

Comprendieron los bandeirantes que ya la suerte en la batalla les sería adversa y decidieron parlamentar. Tenían muchos heridos y además, nada de víveres. Pidieron un nuevo tiempo para negociar la paz pero era tanto el daño que habían hecho, que los indios no querían saber nada con rendición. Los querían exterminar para siempre y alejarlos definitivamente de las tierras labradas.

El 16 salen de la fortificacion y procuran forzar el bloqueo navegando río arriba. Pero de inmediato son acosados por los guaraníes con tanta determinación que comenzó una masacre. Sin embargo, valiéndose de los portugueses y sus armas, los invasores alcanzaron a llegar a la desembocadura del río Tabay solo para encontrarse que los estaban esperando 2000 guaraníes formados en línea listos para la pelea. Solicitaron clemencia otra vez pero los caciques guaraníes se negaron a proporcionarla y los jesuitas no hicieron mucho para interceder. Ellos también estaban contagiados por el ardor de la guerra.

Finalmente arremetieron los bandeirantes contra la banda oriental del río Uruguay buscando la salvación pero fue un esfuerzo inútil. Los estaban aguardando y sufrieron constantes ataques que los diezmaron. Perdido el orden marcial, la bandeira se fue disgregando en pequeños grupos que fueron cazados sin piedad. La persecución aborigen fue mortal. Los tupíes eran muertos sin miramiento alguno y los portugueses asesinados así se rindieran.



Durante meses, luego de la batalla, partidas de guaraníes peinaron prolijamente la zona hasta no dejar a ningún bandeirante en actitud de pelea.

La batalla había sido terrible. De los 3000 paulistas que iniciaron el ataque, solo un puñado de tupíes regreso a San Pablo junto a 120 portugueses y mamelucos.

Hubo un intento posterior por socorrer a los derrotadoS pero el padre Altamirano junto con las tropas guaraníes de Abiarú los interceptaron y derrotan a finales de 1641. Con esto, cesaron por muchísimo tiempo, las temibles bandeiras. En los territorios portugueses de Brasil, ahora sabían que los jesuitas no solo eran capaces de cultivar tierras sino trabar tan fuerte amistad mediante el vínculo religioso, que los guaraníes se habían constituído en un ejército regular que había que respetar. Mborore fue también la primera Batalla Naval de Sudamérica.

En conjunto, entre 1637 y 1745, año este de la abolición definitiva de las reducciones, los ejércitos guaraníes entraron en combate al menos cincuenta veces en nombre del rey de España. En 1697, un contingente de dos mil indios rechazó a los franceses en Buenos Aires; en 1704, un ejército de cuatro mil hombres acompañado de caballos, ganado y un arsenal móvil descendió el Paraná en barcazas con el objetivo de defender la ciudad contra los ingleses; en 1724, expulsaron a los portugueses de Montevideo.
Cuentan que Domingo, el sargento memorable de los tercios de Flandes, siguió siempre junto a su ejército guaraní, murió de viejo, no encontró valiente que lo mate, una historia más de estas tierras.

Fuente: Henry Kamen, Imperio. La forja de España como potencia mundial. Aguilar, Barcelona 2003, páginas 326-327.
http://noticiasdelacruz.com.ar